Si después de una bomba, y como lo dijo el presidente, “que se logró desactivar otro atentado en Cúcuta”, yaún así no van al consejo de seguridad los alcaldes de Cúcuta y Los Patios, y el gobernador llegó tarde, más jodidos no podemos estar. Peor aún, la respuesta del alcalde de Cúcuta, que a 10 minutos de empezar el consejo de seguridad no sabía del mismo. Que tal, ni que en vez de estar con el presidente, estuviera entretenido con “Papá pitufo y sus amigos”.
Si los mandatarios no están atentos a los temas de seguridad que ocurren en sus ciudades, como se dice, “mejor cerremos y vamos”.
Como decía en uno de sus cuentos García Márquez, “algo grave va a pasar en este pueblo”. Aquí lo grave ni siquiera son las bombas. Ocurre algo peor, que ni a las autoridades les interesa.
No es sino recordar al exalcalde de Tibú Tirso Vélez cuando fue asesinado en el 2003, cuando escribía en su poema por la paz:
“Para que soldados y guerrilleros no sean el uno para el otro el tenebroso olfato de la muerte husmeando la vida temblorosa para que exploten bombas de pan y de juguetes y corran nuestros niños entre escombros de besos”.
La violencia nos golpea de muchas formas. Recuerdo hace algunos años que hablaba con el exjugador del Cúcuta “El Nené Díaz”, quien había vivido y jugado en Medellín, que me decía que en los momentos de mayor violencia en esa ciudad decidió con su esposa de no salir juntos. Si alguno moría por una bomba, los hijos quedaban con uno de sus padres.Recuerdo a algunos de mis estudiantes que fueron asesinados en esta región: el uno, en la vía a Ocaña, y el otro, cuando trabajaba en la fiscalía en Tibú.
Cuando el alcalde de Tibú Tirso Vélez, ante su demanda de solicitar más maestros para su municipio y no un batallón de soldados, ante ese rechazo decide escribir un poema como una forma de protesta. Recuerdo también a Fabio Monroy, con quien hicimos algo de política con el Nuevo Liberalismo. Fue a una población a hacer teatro, y lo asesinaron de manra cruel. Ahora es diferente, además de que a las autoridades no les interesa la inseguridad, entre gobernador y alcalde no escriben nada, menos un poema.
Ahora que estamos en la feria del libro, hay dos novelas que hablan sobre estos temas: “Cóndores no entierran todos los días” de Gustavo Álvarez Gardeazabal, y “Leopardo al sol” de Laura Restrepo. El primero sobre la violencia de los años 50, cuando se mataban entre “los chulavitas” y los “Cóndores”, liderado por León María Lozano.
El segundo, la guerra que se presentó entre dos familias de la costa, entre dos amigos, porque la novia de uno de ellos terminó enamorada del otro amigo. Los Baldevlánquez terminan con la familia de los Cárdenas, y al final, en la tercera generación, una mujer Cárdenas termina casándose con un Blandevlánquez. En alguna conferencia en la universidad Nacional el historiador Eduardo Pizarro Leongómez decía que era el primer tratado de paz en Colombia. Los rasgos y cultura de la violencia se perciben de muchas formas. Hoy en día cuando se va a cualquiera de los mercados populares de la Guajira, lo que más se ve y venden, son cartucheras para pistolas.
Aquí el gobernador y los alcaldes dejaron “plantado” al presidente. Es probable que Delaespriella no tiene claro, no le han informado debidamente, los vínculos, negocios y amistades de los actuales mandatarios. Mejor me lo decía por estos días un embolador en el parque Santander “ No me crea tan toche lo que le hicieron a mi tigre este par de maricas….son capaces de dejar plantado al presidente, pero no a papá pitufo y sus amigos”. Hasta razón tiene. – la grosería es del embolador -.
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