El vicepresidente de los Estados Unidos, J. D. Vance, quien ahora es católico, dijo que hará posible la obra de Dios, así ello conduzca al fin del mundo. Y en nombre de Dios, la historia universal nos revela que se ha producido mucha muerte, destrucción, corrupción y anarquía. Un día Karl Marx lo advirtió: la religión es el opio del pueblo.
Como en 1978, cuando JimJhones, el fanático religioso ordenó suicidarse en Jonestown del Esequivonerlandés, a su millar de alienados seguidores de su iglesia del pueblo.
Casisiempre los “vices” son la manoajena de su superior parasacar la brasa. Aquí, porejemplo, desde la Independenciasirvióparaello.Al “vice” Francisco de Paula, el hombre de San Faustino de los Ríos, le encomendaronconseguirunpréstamo con el Banco de Londres, lo obtuvo y antes de recibirlo el mismobancocobrópor la derecha la comisión y le chamuscólasmanos.
A veces, sin consultarlos, dicen cosas comprometedoras para su jefe y originan tormentas. Le acaba de ocurrir al presidente Trump que es un hombre primario.
Los hombres primarios, naturalmente torpes, ante una agresión responden de manera inmediata conforme a sus impulsos instintivos y de supervivencia, sin raciocinio alguno, para proteger, proveer o defender algo.
Recuerden como en 2018 y, por las redes, Donald Trump le replicó al jefe de Estado Chino, Xi Kim: “Yo también tengo un botón nuclear, que es mucho más grande que el suyo y funciona”.
Luego iniciaron conversaciones afortunadas que mejoraron mucho las relaciones. Hoy China Comunista es librecambista y procapitalista.
Dije que la historia nos revela que esos prejuicios divinos han estado siempre. Algo así ocurrió en 1498 con el dominico GirolamoSavoranola quien creía ser el nuevo moisés, desafiando con sus sermones a los Médici y al papa Borgia formulando una nueva moral en Florencia, contra el despilfarro de las grandes familias y hubo que excomulgarlo, ejecutarlo y llevarlo a la hoguera por hereje. Pero originó las guerras de religión que asolaron a Europa. Como la de Kappel donde se enfrentaron a los campesinos católicos y protestantes de Alemania.
En Francia se sucedieron la Matanza de San Bartolomé, entre los hugonotes protestantes y la monarquía católica. La guerra de los treinta años entre príncipes protestantes y el sacro imperio Romano Germánico de Fernando II, involucrando a España, Francia y Suecia dejando 40 millones de muertos por hambre y enfermedades.
O las guerras Médicas y la ruina griega. O la Revuelta Holandesa de los ochenta años, contra Felipe II de los Calvinistas, que victoriosos treparon la República de las “Siete Provincias Unidas”, que consagró la soberanía del Estado y lo separó de la religión.
O la Paz de Augsburgo, de 1555, que imponía el principio absurdo de que cada gobernante era quien decidía cual era la religión de sus súbditos, que ayer el expresidente Aureliano nos quería imponer. O La Paz de Westfalia, de 1648, que sentó los pilares de la diplomacia moderna y el principio internacional de la no intervención.
Adenda. Dios guarde a nuestro Vicepresidente José Manuel Restrepo Caballero de Emaus. Y que viva Cristo Rey.
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