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Columnistas
Profecía musical…
Ológrafo
Authored by
Lunes, 31 de Agosto de 2026

La música es como un viejo pescador remendando -paciente- su atarraya, un búho asomado a la noche con su ulular, un viento que susurra sueños, lámparas de sombras, o campanas que repican ecos apetitosos…

Allí se duermen las cosas del alma, los sonidos invisibles adquieren vida, y todo se vuelve brisa, estrellas y melodías que plantan huellas y, luego, brotan como azucenas, rosas o exoras que conmueven, más allá de las palabras.

Es un milagro creador, una profecía que anida en la intimidad, una crónica sentimental que se asemeja a un faro de luz indefinible y necesaria para celebrar, con una rondalla sabia, la decisión de continuar el camino.

Y se vuelve un jardín con su arroyo cristalino, una flor con aroma de sosiego, el rocío llamando a la serenidad, pájaros picoteando la sensibilidad, mariposas coloreando la libertad y duendes conversando en su lenguaje de silencio.

Hay en ella una consonancia espiritual de alegría, consuelo y armonía que posee el don de pausar, o animar, las voces y las veces de un recuerdo que quiere la justa medida de saber -y sentir- algo sublime en el andar del corazón.

Las líneas delgadas de los secretos se tocan como tangentes fieles de la hondura de la consciencia, nutren el sabor espeso de la nostalgia y reflejan aquella dimensión en la cual la eternidad baja -y se asoma- a la esperanza.

Epílogo: En El Chocó, escuché a una Maestra Sabedora cantando un alabado, en el Metropolitano de Nueva York, a Ana Nebretko, la soprano divina, y no hallé diferencia, porque la belleza musical no posee tiempos…ni espacios…


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