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Rezarle a una rata
En la tradición hindú, la rata no es vista únicamente como una plaga molesta, sino como el vahana o vehículo del dios Ganesha, una de las deidades más queridas y veneradas, símbolo de la sabiduría y eliminador de los obstáculos.
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Viernes, 16 de Octubre de 2026

Muchos lectores tal vez relacionen el título con política o elecciones, pero hoy hablaremos de cultura. Diferentes circunstancias llevaron a que terminara conviviendo durante más de un año con un grupo de indios. Indios de la India que además eran hindúes. Personas familiares, trabajadoras, amables, decentes y muy inteligentes. De ahí surgió una amistad que los llevó hace ya un buen tiempo a recorrer Colombia y a mí a recorrer la India. Si bien hay decenas de choques culturales, hay uno que me llamó mucho la atención y que recordé recientemente: rezarle a una rata.

En la tradición hindú, la rata no es vista únicamente como una plaga molesta, sino como el vahana o vehículo del dios Ganesha, una de las deidades más queridas y veneradas, símbolo de la sabiduría y eliminador de los obstáculos. En templos como el de Karni Mata, miles de ratas caminan libremente entre los fieles, alimentadas y respetadas como portadoras de buena fortuna. Lo que para un ojo occidental puede parecer insólito, para millones de personas es una manifestación sincera de devoción y respeto por la vida.

Ese choque cultural funciona en ambas direcciones. Cuando Viraj y Nikhil visitaron Colombia, a ellos también les sorprendieron varios de nuestros hábitos. Les resultaba rarísimo y desconcertante ver la enorme cantidad de queso y leche fresca que consumimos a diario en casi todas nuestras comidas. Asimismo, los llenaba de curiosidad y profunda sorpresa observar nuestra devoción hacia Jesús y la Virgen, observando con atención los altares, imágenes y cuadros presentes en tantas casas y lugares públicos.

Los contrastes están por todas partes. Hace no tanto en el sur de Italia, mientras almorzaba en familia, iba a pedirle unas albóndigas a mi hijo y al leer el menú vi que decía "Horse meat". Pensé inmediatamente que se trataba de un error de traducción en el menú en inglés, pero al consultarle al mesero, me confirmó de la manera más natural que en efecto era carne de caballo y que, además, era la especialidad de la casa. Lo que para nosotros en Colombia resulta chocante en una mesa y hasta ilegal, allá forma parte de una tradición culinaria cotidiana.

El mundo es infinitamente más grande y diverso de lo que alcanzamos a imaginar desde nuestro propio rincón. Existen miles de culturas, costumbres y creencias, cada una moldeada por siglos de historia, geografía, clima y fe. Ninguna comunidad posee el monopolio de la verdad ni la manera "única" de habitar la Tierra.

Convivir no exige adoptar las costumbres ajenas ni renunciar a las propias, sino desarrollar la madurez de entender y respetar que somos distintos. La verdadera tolerancia nace de la curiosidad y de la capacidad de observar al otro sin juzgarlo desde nuestros prejuicios. En última instancia, la diversidad demuestra que la libertad —de pensamiento, de culto y de vida— es la única garantía real para la convivencia.


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