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Tocar fondo
Junto a Venezuela está el Catatumbo, donde se acrecentó la violencia, el otro gran factor que prende fuego a la olla donde hervimos como la rana que poco a poco se habituó al agua caliente, al punto de pensar que la olla es un buen vividero.

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Viernes, 12 de Junio de 2026

Ni en los tiempos del paramilitarismo se sentía en Norte de Santander y en Cúcuta el ambiente de degradación social y de resignación abandonada ante hechos abrumadores cuyo remedio parece escaparse a lo que es posible para quienes los sufren, y ante los que apenas la resignación a soportar su pesada carga parece ser la salida.

¿Quién iba a pensar que de repente, en cosa de una década, entre 2016 y 2026, aparecieran 200.000 nuevos cucuteños extremadamente pobres? Mal contada, es lo que ha crecido nuestra población por cuenta de la migración venezolana, de la que Cúcuta retuvo la parte menos calificada, menos productiva, más problemática y que con mayor apremio demanda bienes públicos de por sí muy escasos, como atención médica, educación, infraestructura y servicios públicos para no hablar de vivienda y empleo. ¿La solución? Ninguna distinta a adoptar esa población, hacerla cucuteña, servir sus derechos fundamentales y olvidarse del problema.

Junto a Venezuela está el Catatumbo, donde se acrecentó la violencia, el otro gran factor que prende fuego a la olla donde hervimos como la rana que poco a poco se habituó al agua caliente, al punto de pensar que la olla es un buen vividero.

En medio de semejantes entorno, el venezolano y el catatumbero, es comprensible que las condiciones de vida en Cúcuta sean más difíciles que nunca. Desafíos tan abrumadores sobrepasan a quienes intentan conducir la región ejerciendo algún liderazgo político, gremial o del tipo que sea. Muy pronto desisten del empeño por encontrar la autopista que solucione semejante atasco. Imagínense: ¿quién soluciona el problema venezolano? ¿quién soluciona el problema del Catatumbo?

Cualquiera advierte cómo se ha creado un círculo vicioso casi irrompible. Venezuela y el Catatumbo crean población migrante o desplazada. Esa población exige más bienes públicos escasos como salud, educación, subsidios, ayudas sociales, servicios públicos, etc. La escasez de bienes públicos congestiona sus sistemas legales de asignación y es el caldo de cultivo del clientelismo porque, obliga a la ciudadanía y a sus líderes a pedir favores para todo: para ser atendido en el hospital, para tener un cierto puntaje en el Sisbén que facilite acceso a subsidios, para tener un trabajo precario en una entidad pública. Así se degrada y se clienteliza aún más el ejercicio de la política, hasta alcanzar semejante grado fatal de hoy día. Se crean líderes políticos que son meros hacedores de favores, mandaderos y traficantes de influencias que menos aún pueden crear condiciones de gobierno que ayuden a superar el problema, reforzando la idea de que ninguno sirve para nada.

Esas condiciones explican los porcentajes electorales de Norte de Santander, tan singulares en Colombia, que son parte del problema circular y vicioso de pobreza-informalidad-clientelismo-corrupción-criminalidad-pobreza.

Claro que hay solución, pero no es mágica. Un pequeño milagro en Venezuela ayudaría. Lo demás es trabajar en educación, salud, infraestructura y, por supuesto, seguridad. Todo aquello en lo que el presente gobierno nacional ha sido tan desordenado y tan ineficaz para concretar sus estrategias, que eran correctas.

Norte de Santander no debe esperar grandes milagros que nos lleven de inmediato al final del túnel. Solo resignación para llevar la carga y mucho trabajo a lo largo de las dos décadas que miden el paso de una generación a otra. Todo lo demás son viejas fórmulas que no han funcionado.


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