El 13 de octubre se realizó en Cúcuta uno de los encuentros regionales para construir el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030. Se habló de corredores viales, del Tren del Catatumbo, de seguridad hídrica, de zonas francas y de otros proyectos, todos dignos de la mayor atención.
Sin embargo, brilló por su ausencia la modernización del sistema de transporte público de Cúcuta, proyecto cuyos estudios se han actualizado varias veces y se encuentran en fase 3. Es decir, está más avanzado en su formulación que la mayoría de las iniciativas que se pusieron sobre la mesa, y no tomaría mucho tiempo ponerlo al día una vez más.
Los gobiernos solo tienen cuatro años. Comprometer la voluntad del gobierno nacional en proyectos cuya estructuración es todavía incipiente, significa que no alcanzan a materializarse en el cuatrienio. Cualquier funcionario del Ministerio de Hacienda o de Planeación Nacional lo sabe, y por eso con tanta facilidad acceden a incluirlos en el PND.
En cambio, la modernización del transporte público de Cúcuta tiene estudios consolidados y podría entrar rápidamente en etapa de cofinanciación y ejecución. Esto deben tenerlo presente sobre todo quienes aspiran a la alcaldía de Cúcuta, puesto que quien resulte elegido tendrá un presupuesto muy comprometido por las obligaciones crediticias contraídas en la administración actual.
Por lo tanto, contar con recursos de la Nación será decisivo. En este caso, donde no se trataría solo de renovar buses o implantar un sistema de recaudo sino de recuperar las principales vías troncales y sus andenes adyacentes, ordenar el espacio público y devolverle dignidad a la movilidad cotidiana de cientos de miles de personas, ese nuevo alcalde tendría en sus manos un verdadero macro proyecto, con capacidad de afectar positivamente a toda la ciudad y muchos aspectos centrales de la vida urbana.
Aunque la mayor parte de la ciudadanía cucuteña no lo perciba -habituados cómo están a la incomodidad, el desorden, la ineficiencia y la informalidad- el modelo actual de transporte público es un poderoso factor de exclusión social, donde la población de menores recursos paga el precio más alto, pero aun los que tienen carro pagan también con su propio tiempo el alto precio del tráfico lento.
Integrar las rutas, profesionalizar la operación, uniformizar la flota de buses y recuperar troncales y andenes es una condición básica para que Cúcuta deje de ser una ciudad que a primera vista se nota de tercera categoría en el país. Duele decirlo pero así es.
Exhorto a los congresistas de Norte de Santander y al alcalde de Cúcuta a que soliciten la inclusión en el Plan Nacional de Desarrollo de recursos para la modernización del sistema de transporte público. Las demás iniciativas presentadas el 13 de octubre son valiosas y deben seguir su curso. Pero en un cuatrienio corto conviene apostar por lo que está prácticamente listo.
Personalmente, me gusta mucho utilizar buses de transporte público, y en casi todas las ciudades de Colombia, llegando a su aeropuerto puedo tomar un bus que me lleve al centro. Así pasa en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Santa Marta y muchas más, como en cualquier otra ciudad del mundo que se precie de serlo. Todas tienen aeropuertos integrados al transporte público de la ciudad. En Cúcuta eso no es posible. Esta experiencia cotidiana resume nuestro atraso, que debemos superar como una condición básica para la competitividad cucuteña. Ojalá así lo entiendan quienes tienen vocería ante el Gobierno nacional.
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