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Uno comienza mucho antes de ser…
Así, todo es una secuencia de movimientos regulares y cíclicos, según el destino, con sublimes enseñanzas de purificación y la esperanza de ir adelante de los sentimientos, pregonando sueños.
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Lunes, 27 de Julio de 2026

La sabiduría de los hindúes proviene de su ancestral costumbre de dialogar con su corazón, sin prisa, íntimamente, en el camino de la vida.

Y de un maravilloso principio de intuición, El Dharma, aquello por lo cual una persona es lo que es y, además, adquiere la certeza de que todo comienza, antes de su propio tiempo, en el orden natural. 

El Dharma sugiere un equilibrio interior similar al de la rueda, que la hace girar en el exterior mientras su centro permanece inmóvil, dirigiendo (creando o destruyendo) la fuerza de la razón, la palabra y la consciencia.

Así, todo es una secuencia de movimientos regulares y cíclicos, según el destino, con sublimes enseñanzas de purificación y la esperanza de ir adelante de los sentimientos, pregonando sueños.

Ser es seguir la huella de la luz, desandar la distancia a la ruta del tiempo, atisbar cada mañana en el suspiro del café, o escuchar en el trino de un pájaro, pequeño, el silencio de Dios rondando el alma.

Es pensar que nada es superior a la génesis universal que lo hace renacer, con humildad para aprender, paciencia para aceptar los ritmos de la paz y el prodigio de hallar la senda invisible que guía a la verdad…

Sólo los orientales saben entrelazar -espontáneamente- el hilo espiritual de la sabiduría en una red de deberes, justicia, ley, tradición, virtud, bien, mérito, moral, práctica, disciplina, propiedad, cualidad, propósito, atributo, conocimiento, enseñanza, doctrina, religión y escrituras.

(¡Hay tantos parajes aún por peregrinar…!)


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