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Volver a la cordura
Hoy, con la llegada de Abelardo de la Espriella, el país parece transitar hacia la seriedad.
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Martes, 11 de Agosto de 2026

Afortunadamente, el pasado viernes 7 de agosto regresó la cordura a la administración del Estado, entendida esta como “la prudencia, la sensatez y el buen juicio; ese estado de lucidez y salud mental que se opone frontalmente a la locura”.

El presidente saliente seguramente ejecutó algunas acciones acertadas, pero su personalidad, su verborrea y un discurso marcado por el odio y la división mediática eclipsaban cualquier logro que pretendiera demostrar ante su fanaticada.

Por su parte, la intervención del presidente del Senado, el abogado samario Honorio Henríquez Pinedo, resultó sumamente afortunada. A pesar de las tensiones propias de su investidura, su postura ante el nuevo presidente de la República, el doctor Abelardo de la Espriella, fue profundamente conciliadora. Se trata de una pieza oratoria que vale la pena releer o escuchar.

Henríquez exigió un respaldo irrestricto a la Fuerza Pública y recordó que la paz no se decreta, sino que se construye con justicia, presencia estatal y oportunidades. Además, conmovió al auditorio al evocar el trágico fallecimiento de Miguel Uribe Turbay frente a su padre, quien presenciaba el acto con ojos llorosos.

Ideológicamente, el presidente De la Espriella parece ubicarse en la denominada derecha identitaria, una corriente que privilegia la defensa de la identidad cultural, histórica, nacional y los valores tradicionales. Esta postura responde a la premisa de que la soberanía y la seguridad están amenazadas por la globalización, la inmigración descontrolada y las agendas progresistas.

Más allá de las etiquetas, la esencia de su mandato apunta a una recuperación drástica del orden público, la seguridad nacional, una estricta política económica de austeridad y el combate directo a la corrupción, todo bajo un llamado a la unidad, al respeto institucional, a la separación de poderes y al trabajo por los sectores más vulnerables.

Desde la otra orilla, el excandidato presidencial Iván Cepeda Castro anunció la creación de un gabinete alterno para ejercer control al gobierno entrante. Esta iniciativa evoca el mandato de Virgilio Barco Vargas cuando, al darse por terminado el esquema bipartidista de gobierno-oposición, el expresidente Misael Pastrana Borrero estructuró un gabinete en la sombra para ejercer una "oposición reflexiva".

Pastrana intentó replicar el modelo Westminster británico, en el cual se designa un equipo de ministros espejo (shadow cabinets) para hacer seguimiento a las distintas carteras ministeriales y contraproponer frente a cada ministro. Sin embargo, dicha estrategia fracasó en Colombia debido a la naturaleza misma de nuestras instituciones: el sistema británico es parlamentario, mientras que el nuestro es netamente presidencialista.

En el Reino Unido, si el gobierno pierde las mayorías, la oposición asume el poder de inmediato; además, cuentan con robustos centros de pensamiento que fundamentan sus posturas. En contraste, el gabinete de Pastrana carecía de sustento presupuestal para que sus miembros se dedicaran de tiempo completo a la fiscalización, y el control político en nuestro país se diluye en debates congresionales. Al carecer de funciones jurídicas, aquella figura perdió peso político. Eso ocurrirá ahora.

Hoy, con la llegada de Abelardo de la Espriella, el país parece transitar hacia la seriedad, el decoro en el ejercicio del poder y el respeto irrestricto por la institucionalidad.


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