Colombia entró en la era del gobierno de un outsider con la presidencia de Abelardo de la Espriella y su fórmula vicepresidencial de José Manuel Restrepo, quienes no se puede olvidar que recibieron un altísimo respaldo de los votantes nortesantandereanos.
Es una etapa marcada por las expectativas en todos los órdenes de la vida nacional, con una ciudadanía ávida de ver decisiones, acciones y resultados gubernamentales.
La confianza de los colombianos está en que la gobernanza y las herramientas constitucionales le faciliten la adopción de las medidas que conduzcan a remediar y enderezar el camino en el sistema de salud, la recuperación de la seguridad y el ajuste fiscal con los recortes de gastos oficiales, que figuran como los aspectos de mayor urgencia.
Es inocultable la ansiedad en el ambiente por el camino que recorra el país en el periodo 2026-2030, que empezó el 7 de agosto, precisamente porque la ciudadanía confía en que se empiecen a notar los impactos tangibles favorables sin tardanza y que las señales de alivio surjan prontamente en los distintos frentes en que se requieren medidas urgentes para sofocar los males que los afectan.
Como sucede cuando se produce un cambio, la esperanza es que todo lo que se haga tienda hacia el mejoramiento y que el Estado les preste atención a los 53.5 millones de habitantes y que haga presencia y control en todo el territorio nacional.
Para las regiones, la descentralización hay que traducirla en más recursos económicos, agilizar las ejecuciones presupuestales y adelantar las acciones para sacar adelante los grandes proyectos que necesitan, los cuales hay que sacarlos del congelador y ponerlos en marcha.
En el caso de Norte de Santander, las fuerzas vivas y las administraciones departamentales y municipales expusieron un plan de iniciativas que se condensa dentro de la iniciativa Norte-2030.
Los nortesantandereanos no pueden seguir esperando que las megaobras en infraestructura vial se queden en el papel ni que sigan aplazándose las acciones para lograr una competitividad de elevados niveles y llevar a la región hacia la industrialización.
Nada de eso da más espera. El tiempo ha pasado y las promesas no llegaron en otras administraciones nacionales, entre ellas las que acaba de concluir su mandato.
Por eso desde La Opinión recalcamos que Norte de Santander no le está pidiendo al Gobierno nacional una obra. Le está proponiendo una agenda compartida con fecha de vencimiento: 2030.
De esa manera, desescalar el conflicto armado y contener la inseguridad ciudadana con acciones ofensivas, aplicación de la justicia y presencia institucional del Estado, y sumarle la ejecución de esos planes expuestos, la región podrá dar un salto cuantitativo y cualitativo hacia su desarrollo.
Entonces, hay que poner manos a la obra y no perder ni un solo minuto para que el tiempo alcance y en estos cuatro años, ojalá, buena parte de esos anhelos tan indispensables para construir un Norte de Santander próspero y alejado de la violencia, pobreza, la desigualdad, el desempleo y la falta de oportunidades.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
