A la espera de que se conozcan todos los detalles acerca de la operación militar del Ejército de Venezuela contra un campamento del Eln en el fronterizo estado Apure, surge un recuerdo indicativo de que el uso del vecino país como escondite no es nuevo.
Ni es de ayer ni de hace un lustro. No. La porosa frontera colombo-venezolana ha tenido numerosos episodios de belicocidad generados por grupos armados ilegales.
Hay una fecha: el 25 de febrero de 1995. En esa ocasión, hace 31 años, guerrilleros del frente Domingo Laín del Ejército de Liberación Nacional, al mando del comandante Alexis atacaron el puesto fluvial de la Infantería de Marina venezolana, en las inmediaciones del caño Cararabo, estado Apure.
En esa masacre fueron asesinados ocho infantes de la Armada del vecino país y las versiones no desmentidas es que se cometió para abrir un ruta al tráfico de combustible y de cocaína.
Es decir, e hilando delgado, ese título de ‘Eln binacional’ tampoco es que sea de estos tiempos, sino que lo ha venido construyendo a sangre y fuego desde mucho tiempo atrás.
Y resulta que hay otra fecha que igualmente marca ese claro proceso para tener control sobre la zona fronteriza. Para ello hay que remontarnos al 30 de abril de 1998.
Hace 28 años el Eln atacó a Ragonvalia, asesinó a dos policías y asaltó las sedes de Telecom y la Caja Agraria, usando para su fuga el vecino territorio tachirense, y de esa manera evadir a la Fuerza Pública colombiana.
Sobre esa operación las notas de prensa de ese entonces indican que el gobierno del entonces presidente Rafael Caldera habria autorizado la llamada persecución en caliente, para la búsqueda de los insurgentes en la frontera tachirense.
Siguiendo en esta línea, el contexto nos conduce a precisar que el Eln viene siendo un actor de desestabilización y de violencia, al igual que generador de rentas ilegales en la frontera, la cual se vino tomando desde hace décadas, hasta que adquirió mayor poderío gracias a las alianzas criminales con figuras del régimen chavista.
Ha sido tal el tamaño de su incidencia en la inseguridad fronteriza que en marzo de 1995, luego del mortífero ataque del Eln a los infantes de Marina de Venezuela, el entonces presidente Caldera advertía que una nueva incursión de esa naturaleza, la tropa de su país invocaría el principio de legítima defensa y perseguiría a los subversivos en territorio colombiano.
Bienvenido sea para los habitantes de frontera que nos encontremos hoy con la terminación de esa ‘luna de miel’ entre el chavismo-madurismo y el Eln que pasó de tener la retaguardia y su zona para esconderse en los estados fronterizos venezolanos a instalar en ellos campamentos para ejercer dominio y manejar economías ilegales.
El que ya no tengan un santuario donde sean intocables, desde el que lancen ataques contra objetivos en Colombia y mantengan una sostenida influencia territorial, política y social en el otro lado de la frontera, sin duda que cambiará el tablero del conflicto armado, significando un fuerte golpe estratégico contra esa organización que en el Catatumbo está en guerra con la disidencia de las Farc y que en el área metropolitana de Cúcuta ha cometido múltiples ataques contra la Fuerza Pública y la población civil.
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