La sucesión de ataques contra la Policía Nacional llevan a posar la mirada en la frontera venezolana que se convirtió en retaguardia de grupos armados de la talla del Eln, que luego llegaron también a montar sus estructuras criminales del otro lado de la línea entre los dos países.
Sobran los diagnósticos que reportan la utilización del poroso territorio fronterizo como un corredor estratégico bidireccional por parte de esas estructuras violentas.
A sabiendas de que el Eln tiene un carácter de grupo binacional, hay que necesariamente contar con el apoyo real y no solamente retórico de las autoridades venezolanas para enfrentarlo.
Precisamente, InSight Crime reveló, el mes pasado, un informe en el que detalla que el Eln opera en Colombia y Venezuela, especialmente a lo largo de la frontera entre ambos países, donde en “2026 mantiene una estructura binacional fortalecida” por las economías ilícitas como el narcotráfico, el contrabando, la minería ilegal, entre otras.
Y desde el campo de las estrategias de guerra, el Eln también tiene ahí la opción de repliegue táctico para la evasión de las operaciones militares que desde territorio colombiano se activen en contra de sus combatientes comprometidos en ataques que afectan a la población civil y a la Fuerza Pública.
Una estrategia urgente debe ser la de cortarles o neutralizarles esas opciones que tienen de venir a ejecutar las acciones terroristas para luego escapar por el río o las trochas limítrofes hacia sus escondites.
Una reforzada cooperación militar, policial y judicial colombo-venezolana debe contener las acciones contra los grupos como la Eln y las bandas transnacionales del multicrimen que se hicieron fuertes en la zona binacional.
Además, InSight Crime muestra un detalle interesante sobre cómo el dominio progresivo del Eln en la frontera entre Colombia y Venezuela “le ha permitido acumular recursos para distribuir a otros frentes en distintas regiones de Colombia”. En otras palabras, convirtió a la región en su ‘caja registradora’.
Por todos estos conflictivos hechos, es urgente darle un blindaje al área metropolitana de Cúcuta, en donde necesariamente las acciones ofensivas y de control requieren una frontera segura y con una adecuada política de lucha contra la criminalidad.
Lógicamente esa misión será una de las principales en la agenda de la Cancillería y del Ministerio de Defensa en el gobierno del presidente electo, Abelardo de la Espriella, que se posesiona el 7 de agosto.
Además, hay un elemento adicional que en este aspecto entrará a jugar, es el del ‘Escudo de las Américas’, en el que un grupo de países de la región, en alianza con Estados Unidos, definió un bloque de lucha contra el narcotráfico.
Para cerrar, recordemos que el Eln fue otro de los que contribuyó al fracaso de la política de ‘Paz Total’, al aprovecharse de los diálogos y los ceses del fuego de las fallidas negociaciones para fortalecerse, convertir al Catatumbo en un sitio de guerra con la disidencia de las Farc y actuar con intenciones de urbanizar el conflicto armado.
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