Una Colombia que está estrenando Gobierno y que sigue arrastrando un problema que envejeció mal, llevándonos a un retroceso de 11 años en materia de lectura y una baja en matemáticas, es hora de que actúe con un revolcón en cuanto a los sistemas de aprendizaje, los currículos y la formación docente.
Todo está dicho. Entonces, debería convocarse a una gran comisión con la presencia de especialistas, docentes, representantes de los estudiantes y padres de familia, profesionales de la Sociología, Filosofía y de las TIC, el Congreso, los gremios, la iglesia y el comité de sabios.
La situación que atraviesa el sistema educativo es que todavía persisten prácticas en las escuelas, de transmisión del conocimiento mediante la memorización y la repetición cuando, en el caso de PISA, esta no evalúa solamente esas capacidades, sino que también tiene en cuenta la capacidad de los alumnos para comprender, interpretar y razonar frente a situaciones particulares.
Es que en la realidad educativa colombiana se entremezclan desde situaciones de obsolescencia en métodos de enseñanza y contenidos, hasta el deterioro de la calidad por efecto de avances como las pantallas y la Inteligencia Artificial.
Entre los asuntos a discutir y que requieren un salto al futuro se encuentran el método y la forma de educar, que está regido por la Ley 115 de 1994.
Es hora de replantear esquemas tradicionales como el de que, en las aulas de clase imperen la memorización y la repetición, para proceder a modificarlos o complementarlos.
Ahí se encuentra uno de los motivos generadores de las debilidades que en la vida diaria reflejan lo detectado por las pruebas PISA, en el sentido de que solo el uno por ciento de los estudiantes colombianos logra llegar a comprender un texto complejo.
La tarea urgente de una comisión como la planteada es que la formación en las capacidades de comprensión, interpretación y razonamiento de los alumnos debe llegar a tener unos altos niveles en todas las asignaturas que se enseñan en los establecimientos educativos.
Corregir las fallas de carácter estructural dentro de las formas y sistemas para educar a los niños, niñas y adolescentes, hará que las aulas sean para ellos una mejor zona de encuentro con el conocimiento.
De todas formas, ahí no termina todo. Porque también es requerido hacer un enorme esfuerzo para conjurar el mal que están causando el excesivo uso de las redes sociales y la mala utilización de la Inteligencia Artificial.
Debe tratarse de un plan paralelo, puesto que los efectos negativos ya se están notando con el deterioro de la atención, del rendimiento académico y del lenguaje entre los menores que hacen uso excesivo de los celulares y computadoras, mientras que también se advierte el fenómeno del “atajo cognitivo”, que es la reducción del esfuerzo mental necesario para aprender, al dejarle a la IA la mayoría de los deberes escolares o universitarios.
El diagnóstico es suficiente. Las advertencias que surgen de los datos son igualmente preocupantes. La reconstrucción de los currículos escolares es más que urgente porque no podemos darnos el lujo de ir a dejar unas generaciones con semejantes falencias educativas, pero al mismo tiempo ultradependientes de tecnologías, que finalmente también resultan afectándolas.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
