La carretera de La Soberanía, que por su solo nombre debería ser una ruta apta para la fluida movilidad, presenta condiciones absolutamente contrarias, afectando a esta región del país.
La Soberanía es la perfecta muestra de los problemas de infraestructura para la conectividad, que incide fuertemente sobre el desarrollo económico y social.
Es recurrente manifestar que Norte de Santander presenta un gran déficit en materia de vías parecidas a la doble calzada Cúcuta-Pamplona, que por fin llevó al departamento a tener túneles viales, por ejemplo.
La localización fronteriza y la ubicación entre la costa Atlántica y el centro del país supondría que debería contarse con un mapa de megaobras para facilitar el tránsito de pasajeros y mercancías, al igual que el flujo del comercio de importación y exportación con Venezuela.
Pero no. La debilidad en ese campo sigue profundizándose y andando a alta velocidad, ocasionando más inconvenientes para los sectores económicos de esta zona del país.
Regresando a La Soberanía, es bueno tener presente lo expuesto por usuarios frecuentes, quienes consideran que las intervenciones actuales no solucionan los problemas estructurales del corredor. Según ellos, cerca del 70 % del trazado requeriría modificaciones de fondo mediante viaductos, túneles y variantes que permitan superar las fallas geológicas que históricamente han afectado la vía.
El párrafo anterior, llevándolo al nivel de expertos, lo que se está reclamando -y con toda la justicia del caso-es un proyecto de altas especificaciones para que la inversión realmente logre satisfacer las necesidades de la población de Norte de Santander, Arauca y el país en general.
En la actualidad, este trayecto vial se encuentra en el foco de las críticas por los retrasos en su rehabilitación, pese a que las inversiones comprometidas por el Gobierno nacional ya superan el billón de pesos.
Se necesita someter a un examen lo que está ocurriendo, para hacer las respectivas rectificaciones y avanzar prontamente en las obras para que la transitabilidad no siga siendo afectada.
Como en otros asuntos de la vida nacional, ya le corresponderá a la administración del presidente que se elija el 21 de junio, proceder a tomar las determinaciones por intermedio del Ministerio de Transporte y del Instituto Nacional de Vías.
Lo difícil de todo esto, es que los inconvenientes en esta carretera, de inmediato las comunidades son las que sufren, como sucedió recientemente en un tramo entre Toledo y Labateca, por los desprendimientos en la banca, lo cual ocasionó severas dificultades para el tráfico vehicular.
¿Hasta cuándo La Soberanía seguirá padeciendo esta clase de inconvenientes que terminan impactando a la población?
¿Por qué no se tiene presente la opción de desarrollar realmente un gran proyecto con las infraestructuras indispensables que permitan superar los problemas de derrumbes y otras cuestiones que por años no han permitido que esta carretera sea una vía de las mejores especificaciones.
¿Cuánto más habrá que esperar para que transitar por La Soberanía se convierta en una opción para que Norte de Santander y Arauca puedan estar perfectamente unidas, y sin más traumas, con el resto del país?
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