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Editorial
La solidaridad a flor de piel
Pero también brilla la generosidad en las donaciones en dinero destinadas a la atención de los damnificados del terremoto, uno de los más fuertes en los últimos años. 

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La opinión
La Opinión
Sábado, 15 de Agosto de 2026

Solidaridad. Desprendernos con una razón de ayudar a nuestros semejantes que en la actualidad afrontan la catástrofe generada por el devastador terremoto que asoló al Chocó, Valle, Quindío, Risaralda y Caldas, donde numerosos pueblos y ciudades sufrieron las consecuencias.

Solidaridad no es de un solo día. No. Es necesario mantenerla activada para la multiplicación de los apoyos a los miles de damnificados que lo perdieron todo en el movimiento telúrico.

Solidaridad se mueve  de muchas formas. Hay muchas maneras de ayudar. Como por ejemplo hacer labor humanitaria y  aportar su trabajo en los sitios de acopio o de respaldar tareas especializadas en las zonas que fueron golpeadas por el sismo de 7,4 grados, en la escala Richter.

Solidaridad es actuar ya. El Banco de Alimentos de la diócesis de Cúcuta hizo la tarea en ese sentido con el despacho de un primer envío de seis toneladas de elementos de diversa naturaleza.

Así debe hacerse. A la solidaridad hay que imprimirle agilidad y constancia porque la atención de las necesidades básicas y  urgentes no dan ningún compás de espera.

Un asunto esencial para que este valor social no decaiga, es que las ayudan lleguen a todos los sitios afectados y se haga una adecuada distribución con el fin de que nadie quede desatendido.

En una emergencia de la magnitud que enfrenta Colombia, la solidaridad en la fase de entrega a los beneficiarios requiere de una perfecta coordinación para evitar situaciones que la impacten. 

Para mantener vivas las llamas de esas muestras de empatía y disposición para contribuir al bienestar colectivo, hay que hacer funcionar adecuadamente los mecanismos para que no ocurran situaciones que afecten dichas labores.

Es bueno hacer notar la importancia de ser solidarios y de mantener activada la solidaridad, puesto que hasta el papa León XIV manifestó su gratitud a cuantos “con generosa entrega”, trabajan en las labores de búsqueda, socorro y asistencia a los damnificados.

Precisamente, La Opinión, frente a este estremecedor momento que padece nuestra patria, y entendiendo que ¡juntos podemos más!, impulsa una campaña de solidaridad con nuestros hermanos chocoanos, vallecaucanos, risaraldenses, quindianos y caldenes que soportan esta catástrofe.

Bien afirmaba la poetisa y novelista Gioconda Belli que “la solidaridad es la ternura de los pueblos”. Y así lo estamos notando en estos días posteriores a la tragedia, con la gran movilización nacional e internacional que se vive para ayudar a los habitantes de las regiones que fueron afectadas.

Es destacable esa  gran respuesta en materia de alimentos, insumos médicos, elementos de aseo personal y el suministro de elementos para los albergues, nos muestra  a una Colombia empática que apoya al prójimo y a una comunidad internacional que ofrece su ayuda incondicional.

Pero también brilla la generosidad en las donaciones en dinero destinadas a la atención de los damnificados del terremoto, uno de los más fuertes en los últimos años. 

La solidaridad debe apuntar, igualmente, hacia otro asunto superior que se relaciona con la reconstrucción o reubicación de todos aquellos lugares que sufrieron afectaciones y que incluyen viviendas, hospitales, instituciones educativas, carreteras, acueductos y demás  infraestructura oficial y privada.


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