Los riesgos que pasaron de ser opciones virtuales a un intensa realidad con altas temperaturas y unos primeros fuertes impactos sobre las fuentes de agua, determinaron que se comenzara a preparar un plan de choque para el sector agropecuario.
Esto resulta lógico frente a un fenómeno de El Niño recargado que podría llegar a poner en riesgo la soberanía y la seguridad alimentaria, que desataría a su vez un escalamiento en los precios de la canasta familiar.
Por ejemplo, en el caso de Norte de Santander es indispensable esta clase de protecciones, teniendo en cuenta que el 80 por ciento del territorio departamental es rural.
De acuerdo con lo anunciado por el Ministerio de Agricultura, entre las acciones definidas se encuentra la financiación a los campesinos para que accedan a recursos frescos que les faciliten superar los inconvenientes.
De acuerdo con la entidad, esta inversión podrá recibir apoyo del Incentivo a la Capitalización Rural (ICR), que podrá reconocer hasta el 30% de las inversiones elegibles para pequeños, medianos y grandes productores, con prioridad en riego, drenaje y manejo del agua.
Es que el recurso hídrico constituye un elemento vital en las actividades agropecuarias y, por supuesto, su merma o desaparición tendrá de inmediato impactos demoledores, que incluyen la pérdida de empleos en las zonas rurales del país.
Teniendo presente que las proyecciones indican unas condiciones agrestes, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) dejó en el tablero varias advertencias que vale la pena reseñar.
La oferta de alimentos se mantiene estable hoy, pero los riesgos aumentan hacia fines de 2026 y comienzos de 2027.
La ganadería resulta muy afectada por la pérdida de pastos y la reducción de fuentes hídricas, con emergencias ya visibles en departamentos como el Tolima.
La piscicultura, que es estratégica para las exportaciones hacia Estados Unidos, tiene un especial nivel de alerta en el departamento del Huila.
Los cultivos agrícolas, la mayoría de siembras de ciclo corto y transitorios sufren por la falta de riego oportuno y el estrés térmico.
La avicultura y porcinocultura presentan menor grado de impacto relativo gracias a la tecnificación de sus granjas, aunque no están exentas de sobrecostos por mitigación de calor.
Ante la magnitud de esta crisis medioambiental, las autoridades de la Organización de Naciones Unidas han calificado la situación actual de extremadamente grave e histórica para la humanidad.
“El Niño se está sobredimensionando ante nuestros ojos”, fue la reciente afirmación de António Guterres, secretario general de Naciones Unidas.
Además, los ciudadanos sufrirán diversos efectos, como los generados por la alta sensación térmica, inconvenientes en la salud en razón a los golpes de calor o porque al sufrir alguna enfermedad de base, los síntomas podrían empeorarse por el exceso de la temperatura.
Y ni hablar del impacto al presupuesto familiar en caso de que se eleven los precios de los alimentos o de los servicios públicos, aparte de que puede verse sometido a racionamientos en el suministro de agua potable por la disminución de los embalses y la reducción del caudal de los ríos por las fuertes temperaturas.
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