Al hablar del páramo de Santurbán buenas son las estadísticas para establecer la importancia de este ecosistema al que se le considera como una fábrica natural de agua para el Gran Santander.
Quince municipios santandereanos y 33 nortesantandereanos se encuentran dentro de los que se surten del preciado líquido que nace en aquella región biodiversa.
Bueno es saber que en su territorio se encuentran 78 lagunas y más de 400 ríos que funciona como una estrella fluvial, indicativos claros de que es una abundante fuente natural del preciado líquido.
Al sumarle a esta descripción el dato de que dos millones de personas se abastecen de los acueductos surtidos por cuencas originarias de aquella zona paramuna, esto lleva a concluir que la protección, preservación y conservación pasan a convertirse en una labor de obligatorio cumplimiento.
Es igualmente destacable el hecho de que Colombia posea entre el 43% y 52% de los páramos del mundo, convirtiéndolo en el país con la mayor extensión de este ecosistema a nivel global. Esta valiosa cobertura representa entre 2.8 y 2.9 millones de hectáreas cruciales para el abastecimiento de agua y la regulación del clima.
Como se expusiera en el galardonado trabajo periodístico de La Opinión titulado ‘Soy páramo, soy agua, soy Santurbán’, los suelos paramunos cuentan con una capacidad única de captar, absorber, almacenar y luego dar su agua. Este páramo es una fuente viva de agua dulce para los Santanderes.
Y si precisamos que los habitantes de Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios, Puerto Santander, San Cayetano, El Zulia, Santiago, Salazar de las Palmas, Mutiscua, Arboledas, Ábrego, Ocaña, La Playa, entre otros, se benefician del agua que nace en el páramo, resultaría interesante que se despertara la empatía con ese complejo que posee una extensión aproximada de 142.000 hectáreas.
Para confirmar que tampoco se trata de activismos, es interesante tener en cuenta que los habitantes de los Santanderes tienen ahí una joya ambiental de invaluable valor, que se enfrenta a multiplicidad de amenazas relativas, unas con el cambio climático, y otras por el extractivismo.
Es tal su riqueza desde ese punto de vista, que en Santurbán existen algunos frailejones, algas y árboles propios de este lugar, que según los especialistas, si desaparecieran no se encontrarían en ningún otro lugar del planeta.
Lo lógico, en estos días, es que los ciudadanos tomen conciencia sobre los recursos naturales de alta favorabilidad para la vida y el desarrollo sostenible, pero que al mismo tiempo son altamente sensibles y frágiles ante cualquier acción que pueda salirse de control si no se adoptan las regulaciones, delimitaciones o prohibiciones requeridas para blindarlos.
Sería un desastre que en el futuro Santurbán y su capacidad extraordinaria de proporcionarnos el recurso hídrico corra el riesgo de quedar convertido en un recuerdo captado en fotos, videos y publicaciones en redes sociales, porque sus maravillas desaparezcan.
Tenemos que ponerle cuidado y actuar frente a los campanazos de alerta que el mismo planeta emite con fenómenos desbordados como el de un Niño recargado que ha elevado las temperaturas, para después no quedarnos en medio de una sequía, si Santurbán se marchitara.
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