Las palabras dichas y que se transformaron en promesas no cumplidas del ahora presidente saliente Gustavo Petro, dejaron una profunda marca en la población de Norte de Santander.
Uno de aquellos planteamientos en medio de la efervescencia fue la propuesta para llevar a la industrialización de Cúcuta, que se quedó en el papel, porque en ninguna parte ocurrió un desarrollo empresarial de esa magnitud. “La palabra clave es industrialización”, y su confirmación se la quedó debiendo el gobierno que termina a la capital nortesantandereana.
Pero también la grandilocuencia le salió mal al líder del ‘Gobierno del Cambio’. Aquello argumentado por Petro -quien ahora pasa a la galería de expresidentes- de que su fuerza política “era capaz de sacar a Cúcuta y a Norte de Santander del hambre y volver a Cúcuta, quizás, una de las ciudades más ricas de Colombia”, no logró consolidarse.
Y aunque la reanudación de las relaciones colombo-venezolanas y la reapertura de la frontera sí fueron realidades que hoy se reflejan en una recuperación del intercambio bilateral que supera los mil millones de dólares, apareció una nueva frase que nunca pasó de las palabras a los hechos. Se trata del Banco de la Frontera con capacidad cambiaria cuyas marchitas letras se las llevó el viento.
Y, sin duda, El Tarra se convirtió en el anverso y reverso para Petro. Por un lado, es el primer presidente de la historia en haber visitado ese municipio del Catatumbo.
Pero también el nombre de esa localidad se le volvió en el símbolo del naufragio discursivo, porque las siguientes consideraciones se quedaron en meras palabras, palabras, palabras: “les propongo amigas y amigos del Catatumbo, dejar de ser el primer productor mundial de cocaína para convertirse en la capital nacional de la paz. La primera línea de la paz en Colombia”.
Contrario a ese anhelo, hace 18 meses aquella subregión nortesantandereana se transformó en zona de guerra total con la peor crisis humanitaria de todos los tiempos, con un escalamiento del conflicto armado y la persistencia de los problemas de los cultivos ilícitos y del tráfico de cocaína.
Cuando era candidato presidencial, Petro en declaraciones a la prensa dio dos tiempos al Eln para que el Ejército de Liberación Nacional (Eln) dejara la lucha armada. En una afirmó: “Iniciado el gobierno yo doy seis meses para desarmarse, y eso implica disidencias”. Y en otra planteó que “a los tres meses de ser presidente se acaba el Eln en Colombia”.
El tiempo tampoco le dio la razón, puesto que su política de ‘Paz Total’ no tuvo la fortaleza necesaria para que dicha agrupación dejara la lucha armada, puesto que hoy es un fuerte actor violento con influencia también en el área metropolitana de Cúcuta y en la frontera colombo-venezolana.
Al seguir revisando, surge otro proyecto sobre el que Petro y su gobierno hicieron diversidad de planteamientos, como es el tren del Catatumbo, del cual el presidente que se va mañana no dejó ni un riel puesto, mientras que la Universidad del Catatumbo sí muestra avances concretos.
Como conclusión, las palabras si no van acompañadas por planeación, hechos y recursos terminan fortaleciendo la desesperanza y alimentando la concepción negativa frente a promesas consideradas como electoreras que luego terminan quedando engavetadas.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion
