Hoy, Colombia vota. Y lo que está en juego es más grande que cualquier candidato.
Hoy, millones de colombianos acudirán a las urnas para definir quién gobernará los próximos cuatro años. Pero la decisión de fondo no es solo quién ocupa la Casa de Nariño. La pregunta verdadera es qué tipo de país queremos ser.
La Opinión ha cubierto este ciclo electoral con rigor, con independencia y con un único norte: informar a los ciudadanos para que puedan decidir con criterio. Hoy, en este espacio de opinión que es nuestro, decimos lo que pensamos. La democracia no es un trámite. Es una conquista.
Colombia ha tardado décadas en construir instituciones que, imperfectas como son, representan lo mejor que tenemos frente al caos y la arbitrariedad. El voto libre y secreto, los jueces independientes, la prensa libre, la separación de poderes: estas no son formalidades burocráticas, son el dique que impide que las mayorías arrastren a las minorías, que el más fuerte aplaste al más débil, que el poder se perpetúe sin rendición de cuentas.
Quien llegue al poder el próximo 7 de agosto tiene la obligación —no la opción— de respetar esas reglas. Sin negociación. Sin atajos. El cambio que Colombia necesita existe. Y no requiere destruir lo que funciona.
Este país tiene una deuda histórica con sus ciudadanos más vulnerables. Con los niños que no tienen acceso a educación de calidad. Con los enfermos que mueren esperando una cita médica. Con los trabajadores informales que no tienen red de seguridad. Con las regiones en las que el Estado nunca ha llegado a servir de verdad.
Ese anhelo de justicia social es legítimo. Es urgente. Y merece ser atendido con políticas serias, financiadas con honestidad y ejecutadas con eficiencia. No con consignas. No con polarización. No con la falsa promesa de que destruir lo existente es suficiente para construir algo mejor.
Los programas sociales deben llegar a todos, no a los afines al gobierno de turno. La salud de calidad no puede seguir siendo un privilegio. La corrupción debe perseguirse con la misma energía independientemente de quien la cometa.
Este medio cree en las libertades. Somos un medio plural. Damos espacio al disenso respetuoso y constructivo. Pero tenemos convicciones propias, y las decimos con claridad: creemos en la economía de mercado con justicia social, en la empresa privada como motor de empleo y bienestar, en la inversión como herramienta de progreso.
Somos distantes del caudillismo, de los modelos que concentran el poder en un hombre o en un partido, de las experiencias que en esta región han demostrado que el camino hacia el socialismo del siglo XXI termina siempre en el mismo lugar: pobreza, represión y éxodo.
El modelo venezolano no es una abstracción ideológica. Es una tragedia que tiene nombre, que tiene rostro y que muchos nortesantandereanos conocen de primera mano porque sus vecinos, sus amigos y sus familias lo vivieron.
Que reine el respeto. Que reine la ley.
Hoy, en las mesas de votación, no hay enemigos. Hay conciudadanos ejerciendo el mismo derecho. El que vote distinto no es un traidor ni un idiota: es un colombiano que tiene sus razones y sus esperanzas, igual que usted.
El verdadero peligro no es que gane el candidato equivocado. El verdadero peligro es que Colombia normalice el odio, la descalificación y la idea de que el adversario político es un enemigo que hay que aniquilar. Ese camino no lleva a ningún buen lugar.
Quien resulte elegido presidente de Colombia hoy tendrá una responsabilidad histórica: demostrar que el poder sirve a los ciudadanos, no al revés. Que las instituciones son para todos. Que la ley se aplica con igualdad. Que la discrepancia no se castiga.
Y quienes no ganen tienen también una responsabilidad: aceptar el resultado, hacer oposición con argumentos, y entender que la democracia solo funciona cuando todos —ganadores y perdedores— respetan las reglas del juego.
La Opinión seguirá haciendo exactamente eso: periodismo independiente, al servicio del ciudadano, sin importar quién llegue al poder.
Vaya a votar. Cuide su voto. Y cuide la democracia. Porque la democracia, como todo lo que vale, requiere que alguien la defienda.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
