Norte de Santander sigue enfrentado a un delicado momento del conflicto armado, con hechos violentos que marcan una periodicidad y simultaneidad que generan preocupación ante la capacidad demostrada por los atacantes.
En la lógica de esta guerra, los dos factores que marcan la manera de actuar de organizaciones como el Ejército de Liberación Nacional (Eln) es su forma de querer probar poderío bélico, dentro del desafío a la Fuerza Pública y el hostigamiento a la población civil.
Y con el uso masivo de los drones cargados con explosivos, como lo hiciera en las incursiones contra un batallón militar en Ocaña y la subestación de Policía en Guamalito (El Carmen), también quiere hacerse ver como organización dotada con equipos aéreos no tripulados para provocar muerte y destrucción.
Por lo tanto, dentro de las acciones que hagan parte de la nueva estrategia para el Catatumbo, lo urgente y fundamental es que haya un fuerte componente antidrones, para hacerle frente al enemigo que va por el aire.
Al advertirse una gran utilización de ese tipo de elemento de combate, que entra dentro del grupo de armas prohibidas al ser acondicionados con explosivos para causar mayor daño, debe estudiarse hasta las opciones de reentrenamiento en ciertas modalidades de combate, para enfrentar esos nuevos desafíos a los que se enfrentan los miembros del Ejército y la Policía.
Con dolor, hoy la región rechaza esta clase acciones terroristas que en esta oportunidad les costaron la vida al capitán Marco David Pirajón Montezuma y los soldados profesionales Joel Alberto Jiménez Jaramillo y Jhon Carlos Marrugo Manjarrez.
En medio de esta reconfiguración del conflicto armado en una subregión sobre la cual la Defensoría del Pueblo ha emitido alertas tempranas como consecuencia de la volátil situación que registra, la propia entidad en un comunicado consideró que “tarde o temprano los integrantes de los grupos armados deberán afrontar las consecuencias de sus injustificados crímenes ante la justicia”.
Pero es que este ciclo violento ahora no solamente se concentra en aquella región, puesto que el 31 de agosto un carro bomba fue detonado en la estación de Policía de Los Patios, aparte del ataque en el que se lanzaron cilindros bomba hacia las instalaciones del comando del Departamento de Policía Norte de Santander, en el primer día del mes pasado, al norte de Cúcuta.
Todo ese fragor de armamento y explosivos que cada vez más sube su volumen es necesario apagarlo porque la guerra no puede seguir imperando en un departamento que aparte del conflicto armado general que golpea al país, tiene varios puntos guerreristas focalizados.
Uno de ellos es la conflictividad armada que libran Eln y la disidencia de las Farc, en el Catatumbo y que ya completa veinte meses.
Tenemos el microcosmos criminal de la frontera con Venezuela en la que se mueven bandas transnacionales del multicrimen y el Eln, aparte del microtráfico en Cúcuta, las estructuras delincuenciales y la presencia del Eln en el área metropolitana.
Frente a todo esto, hay que esperar la estrategia que el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella ha dicho que se implementará para“golpear sus estructuras, sus cabecillas, sus finanzas y las economías ilícitas que alimentan su maquinaria criminal”.
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