Informar sobre los hechos judiciales y de gran impacto en la capital de Norte de Santander era la labor a la que el periodista Cristian Herrera Nariño dedicó la mayor parte de su carrera profesional.
Aunque su vida fue apagada a causa de un aleve ataque armado este sábado 6 de junio, mientras se encontraba con su familia, en el barrio Quinta Oriental de Cúcuta, su legado permanece entre colegas, amigos y quienes tuvieron la oportunidad de compartir junto a él en las salas de redacción.
Y es que su trayectoria en este gremio fue amplia. Se desempeñó por varios años como periodista judicial del diario La Opinión y Q’ Hubo, en Cúcuta, liderando investigaciones sobre el crimen organizado en la ciudad, las cuales lo hicieron merecedor de reconocimientos y premios de periodismo, pero también de constantes amenazas contra su vida que lo obligaban a permanecer escoltado.
Nunca tuvo horario de salida en su trabajo. En una ciudad donde la muerte ronda permanentemente y enluta familias a diario, no hay tiempo de descanso para un periodista. O por lo menos no lo había para Cristian Herrera, quien sin importar la hora, siempre estaba a tiempo en el lugar de los hechos para conocer de primera mano lo ocurrido y mantener informados a los ciudadanos.
Una profesión marcada por el riesgo
La labor periodística de Cristian Herrera estuvo acompañada durante años por amenazas, intimidaciones y presiones derivadas de su trabajo investigativo en Norte de Santander
Su primer episodio grave de amenazas se remonta al año 2004, luego de publicar una investigación en la que reveló inconsistencias en las estadísticas oficiales sobre el robo de vehículos en Cúcuta.
Tras este hecho, comenzó a recibir llamadas intimidantes, seguimientos y señalamientos que pusieron en riesgo su integridad y la de su familia.
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Durante varios años, Herrera denunció presiones provenientes de distintos sectores de poder. La situación alcanzó tal nivel que debió abandonar temporalmente el país y refugiarse en Chile durante varios meses, antes de regresar a Colombia para continuar ejerciendo el periodismo.
“A mí me hacía falta el periodismo, así que yo le dije a mi esposa vámonos para Cúcuta allá yo busco algo en La Opinión, llegué en agosto y en noviembre volví a oler el impreso”, relató en una entrevista para la Federación Colombiana de Periodistas, Fecolper.
Una década después, en 2014, volvió a ser objeto de amenazas. Un panfleto atribuido al grupo delincuencial Los Rastrojos lo declaró objetivo militar tras la publicación de información relacionada con capturas de integrantes de esa organización criminal en la región.
A pesar de los riesgos, Cristian Herrera nunca abandonó su vocación. Con el respaldo de organizaciones defensoras de la libertad de prensa y medidas de protección, continuó ejerciendo el periodismo judicial, convencido de que informar era un compromiso con la verdad y con los ciudadanos.
Su historia refleja los peligros que durante años han enfrentado los periodistas en una región marcada por la violencia, el conflicto y la presencia de estructuras criminales.

En 2017 volvió a quedar en evidencia que su trabajo periodístico lo mantenía en la mira de estructuras criminales que operaban en la región.
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En mayo de ese año, cuando se dirigía a cubrir una información en el sector de El Cerrito, en Cúcuta, el vehículo en el que se movilizaba junto a otros periodistas fue interceptado por hombres armados que se desplazaban en motocicletas.
Los atacantes dispararon en repetidas ocasiones contra el comunicador, quien logró salir ileso del atentado.
Para entonces, Herrera ya contaba con un esquema de protección de la Unidad Nacional de Protección (UNP), debido a las constantes amenazas derivadas de sus investigaciones.
Su nombre aparecía con frecuencia en informes periodísticos que exponían actividades ilegales y estructuras delincuenciales que operaban en Norte de Santander.
Tras el atentado, el periodista reveló que meses antes había recibido información sobre un supuesto plan para asesinarlo. Según relató en ese momento, una fuente le advirtió sobre las intenciones de grupos criminales de atentar contra su vida.

Actualmente, Cristian Herrera continuaba divulgando sus investigaciones en un medio digital independiente, a la vez que estaba vinculado a la Secretaría de Seguridad Ciudadana como periodista.
Las amenazas, sin embargo, no cesaron y, por el contrario, se materializaron este sábado con su asesinato, en un hecho que vuelve a enlutar no solo al periodismo, sino que demuestra que en Cúcuta y Norte de Santander ejercer esta labor es cada vez más una profesión de alto riesgo.
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