El crimen no fue precisamente discreto. Tanto quienes jugaban fútbol como los vecinos que observaban desde sus apartamentos y otros transeúntes presenciaron lo ocurrido y no se quedaron de brazos cruzados.
Cuando el pistolero intentó escapar, un tercer vehículo le obstaculizó la salida y, al parecer, lo hizo caer de la moto. El golpe provocó que luego no pudiera volver a encenderla.
Fue entonces cuando, rodeado por la comunidad, el sujeto interceptó a un domiciliario de pizzas que había estacionado su Suzuki GN, roja, a un costado de la vía.
Lo amenazó con el arma y, con total calma, tomó las llaves, quitó el seguro y se llevó el vehículo, mientras el murmullo de la comunidad se transformaba en gritos de indignación.
—¡Párenlo, agárrenlo! —gritaban algunos, mientras le lanzaban botellas.
En medio de la persecución, otro de los presentes decidió enfrentarlo. Armado con un machete, corrió hacia el asesino y alcanzó a golpearlo entre el pecho y el brazo derecho.
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La respuesta del gatillero no se hizo esperar. De inmediato le disparó, pero el proyectil no alcanzó el objetivo y el civil logró escapar a la carrera.
Tras guardar el arma en la pretina del pantalón, el criminal emprendió nuevamente la huida, esta vez con rumbo a la avenida Demetrio Mendoza y, posteriormente, hacia la avenida Los Libertadores.
Sin embargo, era un objetivo fácil de identificar. Algunos ciudadanos se fueron detrás de él, fijándose en la caja azul de domicilios que llevaba en la motocicleta y que lo hacía resaltar. Mientras tanto, otros llamaban a las autoridades y les informaban sobre el rumbo que tomaba el sospechoso.
Con todo en contra, la escapada no duró mucho. Apenas un par de minutos después, en jurisdicción del barrio Zulima, sobre la mencionada avenida, la comunidad logró alcanzarlo y derribarlo de la motocicleta.
Los puños y las patadas no tardaron en aparecer. El hombre, que posteriormente fue arrestado por la Policía, forcejeaba para evitar que se lo llevaran y gritaba:
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—¡Me van a matar, me quieren matar, ayúdenme!
El detenido tenía un marcado acento venezolano, dijeron algunos testigos.
Al parecer, el sujeto se deshizo del revólver segundos antes de ser detenido, pues a un costado de la vía las autoridades encontraron un arma que habría sido utilizada en el crimen.
El sujeto fue finalmente trasladado a las instalaciones judiciales, donde se adelanta la prueba de absorción atómica para establecer si existen residuos de disparo en sus manos y determinar su posible responsabilidad en el homicidio. Por ahora, el detenido enfrentaría cargos por homicidio, porte ilegal de armas de fuego y hurto.
Mientras tanto, en la cancha de la urbanización Villa Paola, la escena era devastadora. El cuerpo de Antonio permanecía en el lugar, acompañado por algunos allegados que llegaron hasta allí para lamentar lo sucedido en medio de un crimen que todavía deja varias preguntas sin respuesta.
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