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Judicial
La historia de La Curva: crucial punto en la vía Cúcuta-Ocaña
Recientemente, tres policías y una civil fueron secuestrados en este punto por el Eln.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 27 de Septiembre de 2026

La Curva, el nombre de un sector en la vía Cúcuta-Ocaña que nada más con ser mencionado trae una imagen rápida a la mente, pero no precisamente positiva. Años de hechos delictivos perpetrados por organizaciones armadas ilegales, han perpetuado en el imaginario colectivo un temor que tiene años y no parece desvanecerse.


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Retenes ilegales, vehículos incinerados, secuestros, ataques con francotirador y asesinatos han marcado episodios de sangre y fuego en este punto, en jurisdicción del municipio de Bucarasica.

Hay un factor clave que lo ha convertido en escenario propicio para estos crímenes, así como un lugar de difícil acceso para la Fuerza Pública: lo remoto que es.

La Curva se ubica a mitad de camino entre Sardinata y Ábrego, lo que hace que se convierta en una especie de punto muerto. La soledad, la falta de localidades, posibles testigos y alumbrado público, acompañan el aura macabra que adorna este punto.

Sardinata queda a 35 kilómetros, un viaje de aproximadamente una hora. Desde Ábrego se debe recorrer una distancia el doble de larga, porque se encuentra a 67 kilómetros, siendo un trayecto que dura cerca de dos horas.

De la capital de Norte de Santander la distancia es de 103 kilómetros y de Ocaña La Curva está a 98,3 kilómetros.

Según Wilfredo Cañizares, director de la fundación Progresar, esta lejanía es un factor clave que ha convertido a La Curva en un destino fundamental para las organizaciones armadas al margen de la ley.

“La ubicación lo hace un lugar estratégico para cualquier actor armado ilegal, porque está alejado de Cúcuta y de Ocaña, que son los dos centros urbanos que conecta”, precisa.

Sin embargo, no es el único elemento a su favor. Es también un eje territorial clave en la geografía del departamento. “Es una de las zonas más altas de la región que conecta al Catatumbo, hacia Hacarí, La Playa, San Calixto y Bucarasica. Por su ubicación es un lugar estratégico al que, por las condiciones del terreno, no es fácil llegar”, agrega.


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El inicio

Para Cañizares, la historia de La Curva figura ampliamente asociada con una organización guerrillera que vio el potencial criminal de dominarla: el Ejército Popular de Liberación (Epl).

A principio de este siglo, con Víctor Ramón Navarro Serrano, alias Megateo, el grupo se adueñó de este importante corredor para el control territorial y poder llevar a cabo sus delitos.

“Hubo un auge en el cultivo de la hoja de coca en Hacarí y La Playa de Belén, principalmente, que utilizaba caminos para salir a La Curva y sacar la droga. Eso lo utilizaba mucho Megateo”, explica.

Los hombres de Navarro estaban asentados en los municipios mencionados, desde donde producían estupefacientes que eran trasladados a Cúcuta, para luego exportarlos a Venezuela.

El director de la fundación Progresar considera que desde ese momento, por el rol clave que estaba tomando en el negocio del narcotráfico, la situación de seguridad se volvió más compleja, al ser un punto de interés para dichos grupos armados al margen de la ley.

Además del Epl, que aunque debilitado sigue teniendo presencia en la zona, también el Ejército de Liberación Nacional (Eln) ha puesto sus ojos en este punto y cometido un par de delitos en el mismo.

Por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) y su disidencia, se tiene poco registro de que haya hecho presencia en este punto, fue por eso tan llamativo que aparecieran sus iniciales en la escena del crimen más mediático producido en La Curva, recientemente.


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Policías Secuestrados La Curva

Secuestro múltiple

“FARP”, eran las letras que aparecieron grafiteadas en un Chevrolet Spark de color rojo, de placa RKP-355, el pasado 18 de agosto, cuando fueron secuestrados tres miembros de la Policía y una civil.

Se trata del mayor Fredy Alexis Russi González, el patrullero Edison Yesid Medina Traslaviña y la patrullera Erica Tatiana Monroy Hurtado, integrantes de la Dijín. Así como de la civil Angie Jácome Sarabia, todos en poder del Eln.

Su secuestro permaneció en silencio por semanas hasta que hace algunos días se hicieron públicas pruebas de vida de los cuatro por parte del Frente de Guerra Nororiental del Eln.

Además de afirmar que estaban en buen estado de salud y recibiendo buenos tratos, el grupo guerrillero expuso una supuesta alianza entre la Dijín y el Frente 33 de la disidencia de las Farc, para atacar a integrantes del Eln e incluso llevar a cabo bombardeos.

El Eln ha hecho manifiestas sus intenciones de negociar una liberación o un canje por los plagiados. “Se mantendrán bajo captura en tanto podamos esclarecer las acciones criminales que venían desarrollando”, se lee en un comunicado del Frente de Guerra Nororiental.


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El caso de Angie

La aparición de Angie Jácome en este caso es uno de los puntos más misteriosos, porque su rapto por parte del Eln solo se hizo pública hasta el momento en que salió su testimonio en un video difundido por esta organización guerrillera.

Su nombre nunca fue mencionado en reportes oficiales, que aseguraban que los secuestrados eran únicamente los tres uniformados. Su familia fue la que reportó su desaparición.

Según se pudo conocer, el 17 de agosto la mujer estaba en Ocaña y les habría informado a sus familiares que iba a llegar a Cúcuta el día siguiente siendo transportada por una amiga, pero no llegó.

Ella pasó a ser un personaje clave en este plagio, al ser señalada por el Eln de ser pareja sentimental de alias Andrey Avendaño, uno de los cabecillas del Frente 33 de la disidencia de las Farc, rival directo del Eln con el que libra una guerra en el Catatumbo.

“A Andrey Avendaño lo conocí en Cúcuta, en una de las visitas que le hacía al papá de mi hija. Él llegó una noche al hotel donde yo me quedaba y ahí empezamos a hablar más, relacionarme más con él. En diciembre le dije que me quería ir con él para Tibú”, dice la mujer de 27 años en su testimonio difundido.


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Su deseo habría sido cumplido, pero no duró mucho tiempo en aquel campamento. Según cuenta, la envió a Cúcuta donde se habría relacionado con integrantes de la Dijín. “Ahí conocía a Jesús Alberto Molina, sargento de la Dijín. Andrey y Molina son compadre”, manifiesta en un video difundido por el Eln.

En esa misma declaración, la mujer explica que desde esa organización la estaban utilizando para hacer contacto con objetivos de las autoridades para obtener información de ellos, sus rutinas y paraderos antes de desarrollar operativos, entre los que menciona estaban alias Drácula, Tajo Yuca y Danilo.

Este testimonio también fue una sorpresa para sus familiares, quienes han aclarado por redes sociales que Jácome no es aliada de este estructura armada.

“Las versiones o señalamientos que la vinculan con estas organizaciones son totalmente falsas; ella ha sido víctima de señalamientos infundados e incriminaciones injustas que no corresponden a la realidad de su vida”, dice el mensaje publicado por una de sus hermanas.


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