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Es la mañana del sábado, y Marta Vergel abre de par en par las puertas
de su casa para atender a sus clientes. El garaje se convierte en
tienda, y el antejardín, en sala de exhibición de camisas, pantalones,
vestidos y zapatos, todo de segunda.~
jennifer.rincon@laopinion.com.co

Es la mañana del sábado, y Marta Vergel abre de par en par las puertas de su casa para atender a sus clientes. El garaje se convierte en tienda, y el antejardín, en sala de exhibición de camisas, pantalones, vestidos y zapatos, todo de segunda.
Con 10 mil pesos se puede conseguir una muda completa en la ‘Boutique Parroquial’, como bautizaron hace dos años al pequeño almacén en El Minuto de Dios.
Vergel no es la única que atiende. Otras siete mujeres le ayudan a acomodar, lavar, planchar y hasta pegar botones a las prendas que lleguan, regaladas.
La tienda es parte del trabajo de la pastoral social de la parroquia Cristo Camino, en Nuevo Horizonte.
El sacerdote Freddy Ramírez Peñaranda se encarga de pedir a tiendas del centro y a sus amigos la ropa, nueva o usada, que venderán a los más necesitados.
“A diario llegan decenas de desplazados al barrio”, dice el sacerdote. “La iglesia es el primer lugar a donde acuden por ayudas”.
La tienda es la caja menor para atender estas necesidades.
Vergel trajo la iniciativa luego de ver cómo funcionaba en Ciudad Bolívar, en Bogotá.
Durante 14 años perteneció a las hermanas de la Caridad de Montreal, y tras salir de la congregación siguió trabajando con la población vulnerable.
Primero, montó el almacén en un salón del colegio. Con la utilidad compraba uniformes para los estudiantes más pobres y les ayudaba a pagar la pensión.
Luego, le ofrecieron la casa cural para que ampliara el local. Con la ayuda de la parroquia la mercancía se multiplicó.
Los nuevos recursos fueron destinados para ayudar a familias necesitadas y a los discapacitados.
“Si una persona viene por un mercado, se lo damos de lo que recogemos en las ventas; pero, a cambio, tiene que ayudar a lavar la ropa o seleccionarla”, dice Vergel.
En la boutique se puede encontrar hasta un vestido de novia, de primera comunión o de bautizo por solo 30 mil pesos, incluidos los zapatos.
Otra parte del dinero se utiliza para comprar medicamentos y pañales para los ancianos de la parroquia. Ellos también tienen una tarea en el almacén.
El vestier y los tapetes del local fueron elaborados por los abuelos de la asociación Caminos de Esperanza. En la boutique les enseñaron a reutilizar las telas.
Los 80 miembros de la asociación cortaron retazos de tela y los cosieron a mano para fabricar colchas, cortinas, y tapetes. Con la utilidad de loa venta, se mantienen.
Esta iniciativa fue replicada en Siglo XXI, por el padre Nelson García, antiguo párroco de Nuevo Horizonte. En las comunas 3 y 4 funciona desde hace un año la ‘Tienda de las pulgas’ los miércoles, sábados y domingos.
Es la mañana del sábado, y Marta Vergel abre de par en par las puertas
de su casa para atender a sus clientes. El garaje se convierte en
tienda, y el antejardín, en sala de exhibición de camisas, pantalones,
vestidos y zapatos, todo de segunda.~
jennifer.rincon@laopinion.com.coEs la mañana del sábado, y Marta Vergel abre de par en par las puertas de su casa para atender a sus clientes. El garaje se convierte en tienda, y el antejardín, en sala de exhibición de camisas, pantalones, vestidos y zapatos, todo de segunda.
Con 10 mil pesos se puede conseguir una muda completa en la ‘Boutique Parroquial’, como bautizaron hace dos años al pequeño almacén en El Minuto de Dios.
Vergel no es la única que atiende. Otras siete mujeres le ayudan a acomodar, lavar, planchar y hasta pegar botones a las prendas que lleguan, regaladas.
La tienda es parte del trabajo de la pastoral social de la parroquia Cristo Camino, en Nuevo Horizonte.
El sacerdote Freddy Ramírez Peñaranda se encarga de pedir a tiendas del centro y a sus amigos la ropa, nueva o usada, que venderán a los más necesitados.
“A diario llegan decenas de desplazados al barrio”, dice el sacerdote. “La iglesia es el primer lugar a donde acuden por ayudas”.
La tienda es la caja menor para atender estas necesidades.
La idea del almacén
Vergel trajo la iniciativa luego de ver cómo funcionaba en Ciudad Bolívar, en Bogotá.
Durante 14 años perteneció a las hermanas de la Caridad de Montreal, y tras salir de la congregación siguió trabajando con la población vulnerable.
Primero, montó el almacén en un salón del colegio. Con la utilidad compraba uniformes para los estudiantes más pobres y les ayudaba a pagar la pensión.
Luego, le ofrecieron la casa cural para que ampliara el local. Con la ayuda de la parroquia la mercancía se multiplicó.
Los nuevos recursos fueron destinados para ayudar a familias necesitadas y a los discapacitados.
“Si una persona viene por un mercado, se lo damos de lo que recogemos en las ventas; pero, a cambio, tiene que ayudar a lavar la ropa o seleccionarla”, dice Vergel.
En la boutique se puede encontrar hasta un vestido de novia, de primera comunión o de bautizo por solo 30 mil pesos, incluidos los zapatos.
Trabajos manuales
Otra parte del dinero se utiliza para comprar medicamentos y pañales para los ancianos de la parroquia. Ellos también tienen una tarea en el almacén.
El vestier y los tapetes del local fueron elaborados por los abuelos de la asociación Caminos de Esperanza. En la boutique les enseñaron a reutilizar las telas.
Los 80 miembros de la asociación cortaron retazos de tela y los cosieron a mano para fabricar colchas, cortinas, y tapetes. Con la utilidad de loa venta, se mantienen.
Esta iniciativa fue replicada en Siglo XXI, por el padre Nelson García, antiguo párroco de Nuevo Horizonte. En las comunas 3 y 4 funciona desde hace un año la ‘Tienda de las pulgas’ los miércoles, sábados y domingos.
