El educador y caminante pamplonés Román Flórez denunció que en sus recorridos por la zona rural de Pamplona se encontró con decenas de frascos de agroquímicos que han sido arrojados en cercanías de fuentes de agua, lo cual es un atentado contra los recursos naturales.
Cuando caminaba con su compañero de aventuras extremas, Jorge Orlando Villamizar, por un bosque tupido de vegetación nativa de alta montaña, se sorprendió al ver regados entre la corriente, gran cantidad de potes y bolsas que se utilizan para las labores agrícolas, en este caso para fumigar plantaciones de papa y de hortalizas.
Flórez sorprendido se preguntó por qué existen personas que quieren envenenar las aguas que ellos mismos consumen y quienes habitan a lo largo del río Chitagá, en donde desembocan las aguas de la quebrada que se forma en el sitio del hallazgo (La Lejía), que recorre varios kilómetros de la planicie de ese sector suroriente de Pamplona.
“Nos dimos cuenta de que habían esparcidos en el sector residuos de insumos químicos. Quedamos admirados por esas acciones que van en contra de las buenas prácticas agrícolas”, sostuvo.
Sobre el sitio en donde encontraron los desperdicios tóxicos manifestó que se toma la carretera que conduce a la vereda Fontibón y después de dos kilómetros de distancia se encuentra a un lado el humedal, en el camino antiguo que conduce a Pamplona.
Sobre el tiempo que tenían en el sitio manifestó que fueron arrojados hace varias semanas y que seguramente alcanzaron a contaminar la naciente y el agua que durante ese tiempo bajó hacía la quebrada.
El ambientalista se mostró preocupado porque este tipo de prácticas no solo afectan al ecosistema, sino al mismo hombre que consume el agua con químicos en sus hogares.
Recolección
Como el día en que se encontraron con la situación no contaban con los medios para retirar la cantidad de desechos, decidieron volver. Después de dos días emprendieron nuevamente la caminata hacia la naciente.
Llevaron costales, guantes y tapabocas. Se dieron a la tarea de recolectarlos y llevarlos caminando hasta la recta de La Lejía en donde los dejaron en una caseta para que los trasladaran después en vehículos al relleno sanitario.
“El material tóxico lo depositamos en dos costales grandes. No entendemos como la gente contamina el medio ambiente. Da rabia porque hay personas que no tienen conciencia del daño que se producen a ellos mismos”, dijo.
Flórez considera que las autoridades municipales, ambientales, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y el Sena, deben iniciar con los productores campesinos programas relacionados con buenas prácticas agrícolas y de cuidado de los recursos naturales.
