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Administrador IA
Durante décadas, la discusión sobre la modernización del Estado giró alrededor de edificios, trámites, y reformas administrativas.
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Martes, 4 de Agosto de 2026

Durante décadas, la discusión sobre la modernización del Estado giró alrededor de edificios, trámites, y reformas administrativas. Hoy la verdadera transformación tiene otro nombre: inteligencia artificial. La pregunta ya no es si los gobiernos usarán. La pregunta es qué países primero lograrán que cada servidor público tenga un agente de inteligencia artificial que multiplique su capacidad de trabajo.

Estudios recientes muestran que la IA generativa puede incrementar la productividad de los trabajadores del conocimiento entre un 15 - 40 %, e incluso superar el 50 % en tareas como redactar documentos, resumir expedientes, analizar información o responder consultas. Es decir, un funcionario apoyado por IA puede producir el equivalente al trabajo de uno y medio sin aumentar la nómina.

Pensemos en un abogado del Estado. Hoy puede invertir días revisando jurisprudencia para preparar un concepto. Un agente de IA puede organizar miles de páginas en minutos, identificar precedentes, detectar contradicciones y elaborar un primer borrador. El criterio jurídico sigue siendo humano; la que cambia radicalmente es la velocidad.

Lo mismo ocurre con un ingeniero del Invías que revisa especificaciones técnicas, un médico que administra un hospital público, o un funcionario de la DIAN que analiza riesgos de evasión. La IA no reemplaza su responsabilidad; amplía su capacidad de análisis, fortaleciendo la toma de decisiones.

Los gobiernos más avanzados ya comenzaron este camino. Singapur incorpora asistentes de IA para apoyar la evaluación de políticas públicas. El Reino Unido promueve herramientas para acelerar la elaboración de documentos oficiales. En Estados Unidos, se experimenta con asistentes de IA bajo estrictos protocolos de seguridad. El debate internacional ya gira es en torno a cómo debe utilizarse la inteligencia artificial en el sector público.

Colombia cuenta con cerca de 1,3 millones de servidores públicos entre entidades nacionales y territoriales. Si cada uno recuperara apenas una hora diaria gracias a un agente de IA, el Estado ganaría más de 300 millones de horas de trabajo al año sin aumentar el gasto en personal. Sin embargo, el beneficio no consiste únicamente en ahorrar tiempo. Significa menos errores, respuestas más rápidas, análisis más profundos, y decisiones fundamentadas en evidencia.

Los modelos pueden equivocarse, alucinar información o exponer datos sensibles. Por eso, la adopción de estas tecnologías debe mantener supervisión humana permanente, protección de datos, trazabilidad, auditoría de resultados y reglas claras de responsabilidad. Toda decisión debe conservar un responsable humano, especialmente cuando involucra derechos, recursos públicos, o actuaciones administrativas.

La gran reforma administrativa del siglo XXI será otra: dotar a cada servidor público de un agente de inteligencia artificial seguro, entrenado con la normatividad colombiana y diseñado para servir mejor a los ciudadanos. Hace treinta años parecía revolucionario que cada funcionario tuviera un computador. Después llegó el correo electrónico. Más tarde, Internet.  Dentro de algunos años, resultará igualmente impensable concebir una administración pública sin inteligencia artificial al servicio de sus servidores y de los ciudadanos.


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