La joven mánager de un trío de música autóctona mexicana contaba en una entrevista, que debió investigar bastante para descubrir muchas canciones que ni ella ni los muchachos conocían, entre las cuales les interesaba “Cuatro milpas”. Además, refería que el país en donde averiguó por dicha canción fue Colombia, igualmente en donde el trío tuvo acogida. De aquí les pedían que grabaran tal o cual canción, también desconocidas para ellos.En resumen, para no darle más vueltas al asunto, en Colombia nos sabemos las rancheras, corridos y huapangos que, en el mismo México, siendo su música vernácula, desconocen.
Ello me pareció insólito. Considérese que acá no hay quien no se sepa y cante desde niño “Las mañanitas” y “Cielito lindo”. Ello en razón a que la música tradicional mexicana pegó desde hace décadas en nuestro medio, pero no al revés, que allá haya pegado el bambuco, la danza, el torbellino o el vallenato.
Los recuerdos de la música mexicana se remontan a la niñez. En mi caso, recuerdo a mi abuela María Torrado de Torrado rasgando el tiple y cantando “El soldado raso”.Justamente, “Cuatro milpas” la oí en la voz de ella. Algo le heredé: zurrungueo la guitarra y, como dicen popularmente, canto bien, pero se me oye mal. En el primo Antonio María Peñaranda Torrado ha brotado la herencia de la abuela, pues su inspiración lo ha llevado a componer, principalmente, un buen número de cantos a Ábrego, con el aplauso y reconocimiento de los coterráneos. En general, hay vena musical en la familia.
Acá, los mayores, en especial, conocemos in extenso las canciones de Jorge Negrete, Pedro Infante, Agustín Lara, Armando Manzanero, José Alfredo Jiménez, Miguel Aceves Mejía, Flor Silvestre, Lucha Villa, Ana Gabriel, Luis y Antonio Aguilar, Javier Solís, Vicente Fernández y Juan Gabriel, entre otros.
En Cúcuta, el recordado locutor Mocho Barreto sostenía un espacio radial al mediodía llamado “Los Charros y sus canciones”. Las películas mexicanas eran muy populares. A los niños de entonces nos vestían de charros, con pistola de pasta al cinto. Extrañamente, en el seminario de los padres eudistas en Ocaña nos enseñaban, para cantar en las veladas públicas, “Soy puro mexicano”. (“Soy puro mexicano/ nacido en este suelo/ en esta hermosa tierra/ que es mi linda nación /mi México querido/ qué linda es mi bandera/ si alguno la mancilla /le parto el corazón. //¡Viva México!/¡Viva América!/¡Oh suelo bendito de Dios!/¡Viva México!/ ¡Viva América!/ mi sangre por ti daré yo”). Nada de soy colombiano.
Entre nosotros, cuando en las fiestas la noche ha avanzado y los tragos comienzan a subirse, ¿quién no ha cantado “Pa todo el año”,o “Llegó borracho el borracho”?
¡Qué ironía! ¡Los colombianos enseñándoles canciones mexicanas a los mexicanos! Supongo que se trata de cuestión de generaciones. Sin embargo, sigue la influencia de los manitos entre nosotros : ya los jóvenes están usando sus términos, ejemplo el “güey”, para todo. Y están llegando el “pinche” y el “no manches”. Dice el diccionario de la RAE: “pinche” - “adj. despect. malson. Méx. ruin (‖ despreciable). Sin.: vil ”– Y dice la IA: “No manches” es una popular expresión coloquial mexicana que se usa para mostrar sorpresa, incredulidad, exageración o asombro ante una situación”.
En fin, por esta hermandad debemos gritar: ¡Viva México! ¡Viva Colombia!
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