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Carta al señor presidente Abelardo de la Espriella
En cualquier caso, tanto lo uno como lo otro, es la batalla legítima de la derecha y de la izquierda, por tratar de convencer al resto de que su forma de ver la vida, es la correcta.
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Jueves, 22 de Octubre de 2026

Respetado, señor presidente

Comienzo por felicitarlo y reconocer su gestión en favor del país, demostrada en estos escasos dos meses y quince días de mandato.

Con el derecho constitucional que me permite dirigirme de manera respetuosa a usted y el de ser mi voto uno de los 12´960.166, que lo llevó a la Presidencia de la República, formulo algunas reflexiones con el ánimo de aportar y, según mi opinión, evitar que su administración “se enrede” en temas que, a la postre, lo distraigan, con el riesgo de perder el foco en lo fundamental, como diría uno de sus mentores.

Viene cumpliendo su promesa de lucha contra los carteles de la narcoguerrilla, las bandas criminales y la delincuencia urbana. Saludo su tino con el nombramiento de ministros como el de Comercio Exterior, Ambiente, Hacienda, Defensa, Justicia, Relaciones Exteriores, Infraestructura. De otros, guardo mi humilde reserva.Y, alos demás,un compás de espera, para analizar su gestión.

Recibió un “país descuadernado”; al borde de la quiebra.Entidades corroídas por la corrupción y el desgreño; un sistema de salud agonizante; un espectro de comercio exterior crítico y, como si fuera poco, la naturaleza lo retó con el más grave terremoto sufrido en Colombia. Pero, sobre todo, una pérdida total de la soberanía territorial del Estado por causa del exponencial crecimiento de los grupos al margen de la ley qué, cual rémoras, se adhirieron al cuerpo de la población urbana y rural más vulnerable, por años abandonadas a su suerte y a merced de la delincuencia y los bloqueos que, usted,está empeñado en rescatar, imponiendo autoridad en esos territorios.

Por esto último, señor presidente, considero que desestimar lo acordado en el primer punto del Acuerdo de Paz de 2016, sobre la Tierra y pedir a la ONU que desista de vigilar el cumplimiento de los compromisos sobre la Reforma Rural Integrales, en el mejor de los casos, inconveniente.Esa visión externa, puede ayudar. Está bien limpiar de bandidos nuestros campos, pero, una vez hecho esto, necesitamos que entren los campesinos y la industria del sector a trabajar, para revertir, entre otros, los resultados vigentes del Censo Nacional Agropecuario de 2014, hecho por el DANE y el IGAC.

Este censo, nos mostró un resultado alarmante sobre la vocación de los suelos del país. Tenemos 22 millones de hectáreas aptas para la agricultura y solo estamos explotando unos 5,3 millones. En tanto que,de 15 millones de hectáreas aptas para ganadería, explotamos, 35 millones, es decir, una vaca por hectárea. ¡Grave!

Tirios y troyanos, coinciden en que el origen de nuestro conflicto, radica en el despojo de tierras y la ausencia de una reforma agraria integral. Los campesinos trabajadores y honestos, que han sido metidos a la fuerza en el conflicto, merecen una oportunidad. El diseño de la Reforma es, en mi sentir, adecuado. Solo ha faltado un hombre con carácter y voluntad para sacarla adelante y, creo, que ese puede ser usted, presidente.

El otro tema, es el de la “Batalla Cultural”, que usted anunció, en la posesión de la ministra de Cultura, Paola Holguin, experta en seguridad y defensa. Este concepto, que no es nuevo, refiere a qué ideas, principios morales, símbolos y valores pesan más en una sociedad. En los Estados Unidos, se utiliza cuando se dan los debates sobre la familia, la religión, el aborto, la educación sexual y temas similares. Pardójicamente, fue el marxista italiano Antonio Gramsci, quien instaló este concepto cuando manifestó que, para mandar, no se requiere ejercer un gobierno, sino que lo fundamental es que estas ideas,se vuelvan lo normal, lo común. Gramsci, lo llamó: “hegemonía cultural”.

El llamado progresismo, la izquierda, ha ganado terreno con el discurso sobre diversidad cultural, enfoque de género, la forma de ver la familia. Vale la pena preguntarnos si esto, que pereciere una “ola mundial” de pensamiento dominante, obedece a imposiciones ideológicas o son consecuencias de transformaciones sociales, de luchas por derechos, de leyes, fallos de las cortes y compromisos internacionales.

Los gobiernos que representan el ala derecha de la política, con sus posiciones para contrarrestar lo anterior, consideran que están equilibrando la discusión y no imponiendo una ideología nueva.

En cualquier caso, tanto lo uno como lo otro, es la batalla legítima de la derecha y de la izquierda, por tratar de convencer al resto de que su forma de ver la vida, es la correcta. Y, sí, sin duda a muchos nos molesta la forma como se nos ha querido decir, por ejemplo, que los heterosexuales somos una especie de “bichos raros” y que representamos un concepto de familia equivocada.

Este asunto de la “Batalla Cultural”, apreciado presidente, nos permitirá ver la otra cara de la moneda y, así mismo, mostrar su respeto y acatamiento a las decisiones judiciales, como ya lo hizo.

Temas como lo recientemente ocurrido con el Museo Nacional, pueden mostrar el afán de borrar una ideología para reemplazarla por otra, mediante el ejercicio de poder del gobierno que, aunque es legítimo, no puede olvidar que por encima de él, se encuentra nuestro Estado de Derecho.

Aunque gobernar significa abrir muchos flancos de batalla, hoy, señor presidente, considero que los dos temas aquí expuestos, la Tierra y la “Batalla Cultural”, pueden generar reacciones fuertes e innecesarias que lo lleven a distraerse, sobre lo fundamental.

Cordialmente.


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