En 2010, Caracol Radio anunciaba que Cúcuta y su área metropolitana tendrían, por fin, un sistema de transporte público masivo. Dieciséis años después seguimos "por fin" teniéndolo. A este paso, el bus va a llegar el mismo día que el IVA se elimine de verdad: otra promesa con más de dieciséis años de antigüedad que apenas en 2025 logró convertirse en un proyecto de ley radicado. Dos temas distintos, un mismo país donde una idea puede sobrevivir tres generaciones de políticos sin que a nadie le toque ejecutarla.
Y cada cuatro años aparece alguien "descubriendo" el problema del transporte en Cúcuta como si fuera noticia de última hora. No lo es. Es una flota de veinte y treinta años compitiendo bajo la lógica de la "guerra del centavo" —empresas peleándose el pasajero en vez de pelear por prestarle un buen servicio—, mientras el mundo entero discute desarrollo sostenible y aquí seguimos debatiendo si un colectivo de 1998 debería seguir prestando servicio. Y detrás de ese colectivo hay un conductor que no es dueño de nada, que vive literalmente de esas cuatro llantas viejas. A ese señor nadie le ha resuelto la transición; solo le han prometido, cada cuatro años, que ya viene el cambio.
Cuando la ciudadanía propone organizar las empresas de transporte, la idea es correcta y es tarea de la alcaldía. Legalizar plataformas como Uber, DiDi o inDrive, en cambio, no depende de ningún alcalde: es competencia del Congreso y del Ministerio de Transporte, así que exigirle eso a la administración local es pedirle peras al olmo.
Lo que sí ha existido —y hay que decirlo sin sarcasmo, porque es lo único rescatable— es trabajo técnico real: las mesas de César Rojas, el estudio en fase III que Jairo Yáñez dejó radicado en el Ministerio con buses eléctricos, y la corrección de un déficit estructural que Jorge Acevedo encontró antes de prometer nada, mientras arregla las vías por donde algún día tendría que pasar ese sistema. Ese orden —corregir antes de anunciar— debería ser la norma, no la excepción.
Porque la excepción, lamentablemente, ya se empieza a ver: se habla de teleféricos para el área metropolitana sin un solo estudio de demanda, de costos, ni el permiso de la Aeronáutica Civil. A este ritmo, solo falta que el próximo candidato prometa instalar aire acondicionado central en toda la ciudad y lo venda como "la solución a la movilidad". Con esa misma seriedad se está hablando del teleférico.
Lo que Cúcuta necesita no es otro iluminado con maqueta de campaña. La Ley 86 de 1989 y la Ley 1955 de 2019 ya le dan al Área Metropolitana la herramienta legal para cofinanciar y coordinar esto entre todos los municipios que la integran, no solo Cúcuta. Que los alcaldes de esa área se sienten juntos, retomen el sistema integrado que ya está diseñado en el papel, y que el próximo que hable de transporte en campaña sea alguien técnico, que entienda de movilidad, no un vendedor de ilusiones con teleférico. Ya llevamos dieciséis años de ilusiones. Lo que falta es que alguien, por fin, ponga el pecho.
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