En la segunda vuelta electoral del 21 de junio (2026) para presidente de la República, los colombianos decidirán sobre el rumbo de la nación. Apoyarán un mayor desarrollo de la democracia para superar tantos problemas acumulados o permitirán la continuidad de estos, con todos los efectos negativos que representan, con generalización devastadora. Esas dos opciones están representadas por los dos candidatos finalistas, cuyas propuestas fueron expuestas en sus discursos o cuanto han protagonizado como dirigentes públicos o en los actos asumidos en el transcurso de sus vidas. Son ellos, Iván Cepeda Castro y Abelardo de la Espriella.
Sin que se hayan enfrentado los dos en un debate ya se conocen sus propuestas de gobierno, así como la identidad ideológica de uno y otro.
Cepeda le apuesta a un gran acuerdo nacional en la perspectiva del fortalecimiento del Estado social de derecho para consolidar la paz, erradicar los factores de la desigualdad y la pobreza, erradicar la corrupción arraigada de tiempo atrás, hacer efectivo el reconocimiento de los derechos sociales, entre los cuales son prioritarios la educación, la salud, los servicios públicos, la protección del medio ambiente en defensa de la vida.
Y está también la reforma agraria para darle a la tierra su función productiva, articulada al bienestar de todos, con lo cual se erradica la pobreza en que está atrapada la población en los territorios campesinos. Buscará que el crecimiento de la economía sea una irrigación de cobertura general para superar las brechas que son caldo de cultivo de injusticias y desgarramientos recurrentes.
Es la democracia con la dinámica de abolir la exclusión en el conjunto de la sociedad civil y eliminar ese nudo de la división de clases que tanta perturbación ha estimulado por lo nocivo de la discriminación de personas que debieran contar con la garantía de la igualdad.
Cepeda, además, no está contaminado de arrogancias, ni de posturas mesiánicas. Es sencillo y lo caracteriza la sinceridad. Obra con sentido de convivencia y solidaridad y evita caer en la agresividad o la intolerancia. Su formación intelectual le ha dado coherencia a su conducta y no cae en contradicciones que puedan diezmar la rectitud de su personalidad. Está hecho para ejercer el gobierno con honradez y con acierto. Bajo tales previsiones, el país estará en la estabilidad institucional que le dará mayores posibilidades a las políticas que se requieren poner en marcha.
La otra opción es el abogado Abelardo de la Espriella, quien ha abrevado sus convicciones en la savia de las contradicciones. Quiere poner a Colombia en el remolino de la derecha, con restricción de los derechos que tienen reconocimiento global. Quiere importar modelos externos de escabrosa administración. Para él, la democracia no cuenta en su integridad. Es intolerante. Es proclive a la restricción de la información cuando no favorece sus intereses y por eso tiene demandados a más de un centenar de periodistas. Su arrogancia no le permite medir la realidad con exactitud ni obrar con sentido de equidad.
Puntada
Los 66 años de La Opinión como medio de diaria circulación lo consolidan en el nivel de patrimonio del periodismo en Colombia, tanto más cuando sus proyecciones alcanzan dimensión internacional. Es la suma de un trabajo sostenido con visión despojada de fragilidades. A esas seis décadas hay que agregarles los dos años de semanario, que fueron el comienzo.
ciceronflorezm@gmail.com
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