Ha terminado la breve visita de Xi Jing Ping a Washington, donde se le dio una acogida, casi sin precedentes. Aunque no se han divulgado los pormenores de las conversaciones, al parecer ambos mandatarios dialogaron sobre la inteligencia artificial y que se acordó una tregua en la guerra de aranceles.
Sin embargo, es evidente que en un encuentro de esas características se debieron tratar otros aspectos. Trump ha afirmado que se habló sobre la guerra con Irán. La posición de China en esa guerra es fundamental para los Estados Unidos, especialmente después de que el presidente de Irán en la Asamblea General de la ONU afirmó que nunca se rendirán.
Trump trató también el tema de la guerra entre Rusia y Ucrania que el mandatario norteamericano ha afirmado en varias oportunidades que, con su intermediación, concluirá en breve. Para eso requiere la ayuda de China.
Muy dudoso que Putin se vaya a plegar a cualquier fórmula que no incluya el reconocimiento de la incorporación de las provincias orientales de Ucrania a su territorio y que China no lo respalde.
El caso de Taiwan seguramente estuvo sobre el tapete. No se puede suponer que Xi haya modificado su posición sobre la incorporación, tarde o temprano de la isla a su territorio. Eso no va a cambiar. Cuando más China puede aplazarla, pero nada más.
Debió estar en el tintero la disputa por las islas Spratly en el Mar del Sur de la China, pretendidas por China y otros países. Los Estados Unidos en varias oportunidades ha enviado a su flota para intimidar las acciones de la renovada flota china, así como el relleno que hace de varios cayos en la región. Tampoco China va a ceder en eso: así lo ha advertido.
Trump requiere la ayuda y la cooperación de la China para asuntos que incluso, pueden en cualquier momento convertirse en un conflicto de grandes proporciones.
Por lo tanto, es dudoso que le haya exigido al mandatario chino que disminuya su presencia en América Latina, tanto más cuanto que en varios de las países del Escudo de las Américas, existen enormes inversiones chinas.
Incluso, dada la gigantesca deuda que Venezuela tiene con China, ésta pidió ser incluida en el Comité de Acreedores que se anunció el pasado 27 de agosto. Sobre Cuba, será difícil que Beijing acepte cerrarle definitivamente la puerta.
De manera que después de la visita de Xi, las amenazas y censuras de Trump y de sus asesores a los países de la región que aceptan la presencia china, serán posiblemente retóricas. Especialmente cuando aquella es económica y no militar, como sucedió durante el régimen madurista en Venezuela.
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