Eso es lo que dicen del alcalde por todos lados de la ciudad, que por sí mismo, ya es demasiado. Con todo lo que ha tenido Cúcuta con alcaldes corruptos, presos, robando, esto no lo habíamos vivido. Este alcalde ni siquiera le rinde cuentas a la ciudad, o a la Contraloría, le rinde cuentas al faraón. Más jodidos para donde.
La manera como hoy se administra la ciudad me recuerda la mejor película que se ha hecho en Venezuela: “El pez que fuma”, en la que La Garza administra un prostíbulo y mientras se dedica a una vida de lujo y lascivia, se la deja que la administre su amante Dimas, que termina robándose todo el dinero.
¿Será que el alcalde piensa que Cúcuta es un prostíbulo y permite que la administre cualquier sujeto, no importa los negocios que tenga, así sean faraónicos, menos su procedencia, y mientras tanto que la ciudad se joda? No me queda la menor duda. Lo que más preocupa es el tiempo que le queda al alcalde, más de un año.
Lo que está sucediendo hoy con Cúcuta me recuerda un libro clásico “Rojo y negro”, del escritor francés Stendhal. Es el ascenso por el poder en el que en ocasiones triunfan los hombres, como afortunadamente – para él, no para la ciudad -, le ocurrió a Jorge Acevedo, quien en el cuarto intento llegó a la Alcaldía. El faraón debería regalarle de cumpleaños ese libro al alcalde, así no lo lea, que es lo más seguro.
El libro tiene dos fases, la primera de ellas, el ascenso por el poder, y el segundo, la caída. Seguramente podrá llamarse una caída la que tuvo Bolívar en sus últimos años, cuando solo y vilipendiado – únicamente lo acompañaba Manuelita -, sale de Santafé de Bogotá, insultado por la gente que se encontraba a su paso, y ya camino a la costa por el río Magdalena, a la altura de Mompox, le pregunta a José Palacios por el resultado para la elección del presidente por el Senado, y ningún congresista había votado a su favor. No lo podía creer. Derrotado y ya enfermo, ve a dos perros que se pelean. Uno de ellos le gana al otro – parece que desde esa época ya era del faraón -, el derrotado queda malherido. Bolívar le ordena a su sirviente que lo suba al barco y le pregunta, qué nombre le ponemos: “Bolívar”. Es lo que más se parece a lo que me está sucediendo.
Por estos días hubo un debate en la Cámara de Representantes en el que la congresista Eimy Julieth Suárez le dice a otro colega que “No tenía coraje para interpelarla…que ella sí tenía ovarios”. Es eso, al alcalde le hicieron falta cojones para gobernar a Cúcuta, parece que tuviera más de lo otro.
Hace muchos años, Gabriel García Márquez hizo un viaje a los países socialistas con Plinio Apuleyo Mendoza y Luis Villar Borda, y en algún momento se quedan mirando la expresión de la gente, su actitud y Borda dice: “El socialismo es una mierda”. Sí señor alcalde, usted por estar rindiéndole cuenta al faraón tiene convertida a Cúcuta en una mierda.
Hay otro episodio de la historia, el de Julien Sorel, el joven campesino en Francia que logra llegar a lo más alto del poder a través de la manipulación, la mentira y la hipocresía – igual que usted -. Su final es muy triste. Su esposa termina siéndole infiel, pierde todo el dinero, y muere guillotinado.
No sé si el faraón lo acompañaría a usted al final de su mandato en cualquiera de estos escenarios. Como lo escribía en estos días, alcalde, Cúcuta merece respeto: rehaga los contratos irregulares que ha firmado, no más bodegueros y, por favor, ya no más “tumbes”, que con lo que ya ha hecho es suficiente.
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