Ni más ni menos, es la opinión de la mayoría de los colombianos con respecto al manejo que el señor Petro le ha venido dando en estos cuatro años que están por terminar, alabado sea Dios y los colombianos que no soportan más tantos desaciertos y muy poquitos aciertos en la conducción de los asuntos de gobierno.
Estoy de acuerdo con algunos sectores de la opinión pública que manifiestan que el señor presidente podría presentar rasgos asociados al llamado síndrome de hubris. Este concepto desarrollado por el exministro británico y neurólogo David Owen, describe ciertos comportamientos que pueden aparecer en líderes que ejercen grandes cuotas de poder durante largos periodos de tiempo. Entre las características atribuidas a este fenómeno se encuentran una excesiva confianza en el propio criterio, la creencia de tener una misión histórica superior, la dificultad para aceptar críticas, la tendencia a ignorar opiniones contrarias y la convicción de que sus decisiones son moralmente correctas por encima de cualquier cuestionamiento.
Y para no pecar de monotemático, no repetiré en detalle el largo, larguísimo listado de desaciertos del gobierno Petro, en corrupción, inseguridad, déficit fiscal, deuda externa desbordada, el cuento de la paz total, picapleitos con otros mandatarios del hemisferio y especialmente con nuestro aliado de EE.UU., pero defensa de las dictaduras, el tarimazo con criminales, incremento del fuego amigo, caso Benedetti, Angie Rodríguez, Francia Márquez, el excanciller Álvaro Leiva y más, aumento del narcotráfico y grupos guerrilleros, seguridad social por el suelo, financiación ilegal de su campaña, se volaron los topes de campaña, impunidad con los criminales y como lo reseñara el periódico El Colombiano en su edición del 14 de junio de 2026, que recopila más de 90 escándalos, los invito a leerlas en detalle: líos familiares que implican problemas con la justicia, peleas con otras instituciones del Estado, presunto nepotismo y hasta devaneos machistas, misóginos y racistas.
Todo un dossier con 290 procesos activos en la Comisión de absoluciones de la Cámara. Qué tiempos aquellos, dónde fue presionado a renunciar al cargo por indignidad, el presidente de la época, Marco Fidel Suárez, por haber vendido sus sueldos para repatriar los restos de su hermano fallecido.
Por eso, este domingo en medio de denuncias, demandas y contra denuncias y contra demandas de los dos candidatos que disputarán la presidencia, debemos participar, el voto en blanco no cuenta, vote por quien en su leal saber y entender si es el caso, puede ser el menos malo, no vale esconder la cabeza como el avestruz para rehuir responsabilidades.
Que al señor de la Espriella lo tildan de soberbio, arrogante, vulgar, narcisista, abogado de personas de dudosa reputación y le han esculcado su pasado hasta con los vecinos de la infancia, puede ser cierto, pero perfección no vamos a encontrar en un ser humano imperfecto. Les ha planteado a los colombianos, seguridad, nivelar las finanzas del Estado, recuperar la salud, atacar la corrupción, los grupos criminales y guerrilleros narcoterroristas, fortalecer la empresa privada para generar empleo, no reformar la Constitución y respetar la división de poderes y algo muy importante no ha gobernado convirtiéndose en una esperanza.
En contraposición, al heredero ya sabemos cuál es la línea que le marca su ideología de izquierda radical, su procedencia y sus respaldos de grupos criminales y guerrilleros inspiran temor, no asistió a debates por no tener defensa del gobierno de su mentor, estatizar el Estado debilitando o eliminando la empresa privada, continuar el proyecto político de Petro que como se reseñó anteriormente fue desastroso, chambón y chabacán.
Dios nos tenga de su mano el próximo domingo. ¡No vayan a incendiar al país!
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