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La frontera no puede seguir viviendo de las crisis
El sector público debe garantizar condiciones estables, infraestructura adecuada y reglas claras.
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Viernes, 28 de Agosto de 2026

Durante décadas, Norte de Santander ha aprendido a vivir pendiente de la frontera; cuando se abre, el comercio respira; cuando se cierra, la economía se resiente. Cuando mejoran las relaciones entre Colombia y Venezuela aparecen oportunidades; cuando se deterioran, regresan tanto la incertidumbre como las dificultades.

Pero quizá ha llegado el momento de hacernos una pregunta diferente: ¿podemosconstruir una economía que aproveche la frontera sin depender exclusivamente de ella?La respuesta lógica debería ser sí.

La frontera representa una ventaja geográfica extraordinaria. Nuestra región no debe limitarse a ser un territorio contiguo a Venezuela; tiene el potencial de convertirse en una verdadera plataforma de comercio, logística, servicios, turismo e internacionalización.

Los resultados recientes demuestran que existe potencial; en 2025, las exportaciones de Norte de Santander alcanzaron US$789,1 millones, un crecimiento de 6,5 % frente a 2024, según cifras del DANE recopiladas por la Cámara de Comercio de Cúcuta, Venezuela representó el 18,9 % de los principales destinos de exportación.

Pero hay otro dato que merece atención, ProColombia reportó que entre enero y septiembre de 2025 las exportaciones no minero-energéticas del departamento llegaron a US$140,5 millones, creciendo 67,2 % frente al mismo periodo de 2024. Además, se movilizaron 122.340 toneladas, un aumento del 81 %.

Estas cifras muestran algo importante: Nuestro departamento sí tiene capacidad para diversificar sus mercados. La frontera, entonces, no debe verse como una dependencia, sino como una plataforma de desarrollo. El verdadero reto es aprovechar nuestra ubicación para consolidar empresas que puedan venderle a Venezuela, pero también a las principales ciudades del país y a destinos internacionales como el Caribe, Estados Unidos y Europaentre otros.

Esto requiere mucho más que comercio; necesitamos fortalecer la infraestructura logística, la formación del talento humano, la transformación digital, la productividad empresarial, la agroindustria, el turismo y los servicios especializados.

También necesitamos mirar la frontera desde una perspectiva metropolitana y regional: Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios y demás municipios que integran nuestro entorno económico no pueden seguir planificando su futuro de manera aislada;la movilidad cotidiana, la logística, el empleo, los servicios y las oportunidades comerciales atraviesan permanentemente los límites administrativos. La frontera, en consecuencia, exige una visión territorial compartida, capaz de reconocer que lo que ocurre en un municipio termina teniendo efectos sobre los demás.

Los resultados recientes muestran, además, que existen oportunidades que debemos saber aprovechar. ElBoletín Económico Regional de Nororiente del primer trimestre de 2026 del Banco de la República, señaló que el comercio regional completó seis trimestres consecutivos de crecimiento de dos dígitos, aunque las exportaciones registraron una disminución asociada principalmente a menores ventas de carbón y coque. Este último sector, sin embargo, enfrenta un nuevo escenario y podría encontrar oportunidades de recuperación en el corto plazo ante las expectativas generadas por el cambio en las condiciones nacionales y dinámica de mercados internacionales. La lección es clara: no podemos depender de un solo sector, pero tampoco podemos desconocer las oportunidades que cada actividad económica puede aportar a la transformación productiva de la región.

Ese contraste nos enseña que crecer no es suficiente. Debemos transformar la estructura de nuestra economía y para hacerlo necesitamos algo que todavía nos cuesta: trabajar como región.El sector público debe garantizar condiciones estables, infraestructura adecuada y reglas claras. Los empresarios, por su parte, tienen el desafío de innovar, invertir y abrir nuevos mercados. Las universidades y centros de formación necesitan integrarse con mayor eficacia a los demás sectores y preparar el talento que exige la nueva economía.

No se trata de crear otra mesa de trabajo ni otro documento lleno de buenas intenciones. Sino de establecer una agenda regional de largo plazo, con prioridades concretas, responsables, recursos, indicadores y seguimiento. Una agenda que trascienda los cambios de gobierno y permita medir si realmente avanzamos en productividad, empleo formal, exportaciones, innovación, infraestructura y calidad de vida.

La realidad de nuestro territorio es demasiado importante para que cada actor trabaje aislado. Norte de Santander necesita pasar de la suma de esfuerzos individuales a una verdadera estrategia colectiva de desarrollo; no podemos seguir esperando cada año a descubrir qué ocurrirá en la relación binacional para saber cómo se comportará nuestra economía.

Debemos construir un departamento capaz de aprovechar las oportunidades que ofrece su ubicación cuando las condiciones sean favorables, pero también de crecer cuando las circunstancias cambien.

Porque un territorio competitivo no es aquel que depende de que todo permanezca igual. Es aquel que convierte su ubicación, su talento y su capacidad empresarial en una ventaja competitiva permanente.

La frontera no debería definir nuestro futuro, nosotros debemos decidir qué futuro construir con ella.


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