Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Columnistas
La “Grandeza”
Quienes debían dar ejemplo, por su estatus político o mediático, han insultado durante cuatro años a quienes percibieron como adversarios.
Authored by
Lunes, 6 de Julio de 2026

Quienes debían dar ejemplo, por su estatus político o mediático, han insultado durante cuatro años a quienes percibieron como adversarios, con palabras que antes se reservaban para lugares de la ciudad que la tolerancia concedía. Algunos de los que reciben un sueldo con los impuestos que pagamos todos los colombianos se sintieron autorizados para insultar a la mitad de los contribuyentes que no comparten su parecer político.

La falta de buenas maneras se confundió con rebeldía, y la rebeldía, con originalidad. Pero el mal gusto de los gobernantes no debería preocupar porque, al fin y al cabo, no hay norma que obligue a los funcionarios a tener buen gusto y a medir sus palabras.

El mal gusto se vuelve un problema cuando los discursos de los que depende el futuro de la Nación se transforman en expresiones gaseosas en el contenido que, además, trastocan los valores y ofenden la inteligencia. Son el vehículo idóneo para confundir a las barras que encuentran allí la oportunidad para sentirse identificadas y para atribuir credibilidad a la vulgaridad: las mismas barras que consumen sus días tras la superficialidad de las redes sociales.

De allí en adelante, les basta manipular la masa, ya convertida en tumulto, dividiendo, culpando a otros de los propios fracasos, sin necesidad de elaborar argumentos y sin el esfuerzo de proponer soluciones. El insulto es una señal, una abreviatura que, de forma automática, llama a la indignación y al odio entre hermanos, ahora instrumentalizados. Y hacer parte de una masa sirve para ocultarse, para dejarse llevar cómodamente, sin pensar, pero también sin destino claro.

La reivindicación de la individualidad que tanto anhela el rebelde se convierte, entonces, en la identidad de un rebaño que odia sin saber por qué; que sale a la calle a destruir, a rayar paredes, a impedir que lleguemos al trabajo y que regresemos a la casa a tiempo. Una masa sin forma que, sin sonrojarse y en video, prometió hacer invivible el trabajo del próximo gobierno.

Sucede que la “Grandeza”, o la “Grandeur” a la que se refería Álvaro Gómez Hurtado, parafraseando a De Gaulle, existió en Colombia. Ella exigía que al adversario, a quien pensaba distinto, se le tratara con consideración y generosidad, y que, cuando fuera necesario atacar sus ideas o su gestión pública, el ataque fuera leal y elegante.

Hay muchos ejemplos de elegancia. En cierto debate que se llevó a cabo en el Congreso de la República, cuando era ministro de Hacienda Esteban Jaramillo, un joven, Augusto Ramírez Moreno, lanzó un ataque contra el manejo fiscal del gobierno de Olaya Herrera. Ese día dijo Ramírez Moreno:

Los viajeros que han estado en países extraños han visto en los parques umbrosos parejas de enamorados, tímida ella y poco audaz él. Él se limita a suspirar y ella, a evocar gratos recuerdos. Cuanto más, él se atrevería a soñar con una liga de la dama, pero jamás osará su pensamiento imaginar siquiera lo que fuera el yunque de terciopelo donde se forja la vida. El Ministro de Hacienda no es tan tímido como aquel. Él ha manoseado, con mórbida delectación, las arandelas y encajes más íntimos de los problemas creados por la crisis. Hasta quizá se le encontrará en el chaleco algún botón del corsé de la dama antojadiza”.

Y, a pesar de que ahora sea costumbre oír que los funcionarios repiten sin sonrojarse insultos e imprecisiones, peroratas incomprensibles plagadas de errores gramaticales, a pesar de que lo bueno y lo útil requiere más esfuerzo y más inteligencia, aún hay indicios de que la grandeza en Colombia se niega a desaparecer, aunque tenga que competir con plataformas de streaming y con el algoritmo que analiza nuestra huella digital.

La grandeza se impone al nuevo gobierno como una exigencia histórica. No solo porque el presidente electo haya sido alumno de Rodrigo Noguera Laborde y de Álvaro Gómez Hurtado en la Universidad Sergio Arboleda, sino porque ha mostrado claridad sobre la oportunidad que tiene el país de recuperar aquello que nos une como colombianos. Esto exige desechar el recurso fácil de la “lucha de clases”, propio de regímenes sin legado, que la historia pronto olvidará.


Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion . 

Temas del Día