Ayer, en la entrada rocosa y con escalones de la casa donde vivía Anderson Daniel Moncada Díaz junto a su papá, su abuela y sus tías, aún permanecían los rastros de sangre que dejó la tarde del sábado, luego de caminar gravemente herido desde la calle hasta la sala.
Goyo, como cariñosamente le decían por el nombre de su padre, fue alcanzado por varios disparos que le propinó un delincuente que se movilizaba en motocicleta. El atacante llegó hasta el inmueble ubicado en la calle 24 con avenida 30 del barrio Belén.
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“Él bajó hacia la vía. Llevaba un potecito porque le iba a sacar gasolina a la moto de mi hermana. Ahí fue cuando todo pasó; se escucharon varios disparos”, relató a La Opinión una tía de la víctima.
Moncada había salido de un centro de detención para menores hacía apenas un mes.
Iban a ser las 5:00 de la tarde cuando Goyo, de 16 años, entró a la sala de su vivienda. Se sostuvo de una pared, en la que dejó las huellas de sangre de sus manos, y luego se desplomó en los brazos de un tío que corrió a auxiliarlo.
—¡No me deje morir, tío! ¡No me deje morir!— fueron las últimas palabras que alcanzó a pronunciar mientras intentaban llevarlo a un centro asistencial.
Sin embargo, al salir nuevamente a la calle, nada pudieron hacer, pues falleció. Su cuerpo quedó sobre el pavimento, cubierto con una sábana, mientras esperaban la llegada de los funcionarios de la Brigada Interinstitucional de Homicidios (Brinho) de la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc), quienes realizaron la inspección técnica y el levantamiento del cadáver.
Iba a retomar sus estudios

Una de las tías de Goyo señaló que el joven cumpliría 17 años el próximo 9 de julio, por lo que ya estaban planeando comprarle una torta para celebrarlo. El año pasado no pudieron festejarle el cumpleaños en casa, debido a que permanecía internado en un centro de reclusión para adolescentes.
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La familiar manifestó que desconocían si Anderson había recibido amenazas. Explicó que, desde que salió del reclusorio, el pasado 3 de junio, permanecía la mayor parte del tiempo en su vivienda y eran sus antiguos compañeros quienes llegaban a buscarlo para salir.
“Cuando yo estaba aquí, me tocaba decirles que él no se encontraba. Anderson cambió mientras estuvo detenido; le hizo bien estar encerrado. Incluso, iba a empezar a estudiar en los próximos días octavo y noveno grado para terminar el bachillerato, porque mientras estuvo detenido siguió estudiando”, agregó.
La mujer lamentó que Anderson no hubiera tenido la oportunidad de comenzar una nueva etapa en su vida. Aseguró que quería hacer las cosas bien y salir adelante.
Además, recordó que era un apasionado por el fútbol y un fiel hincha del Cúcuta Deportivo. Junto a La Banda del Indio, del barrio Belén, acompañó al equipo en varias ocasiones.