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La Inteligencia Artificial avanza de manera acelerada. ¿Estamos preparados?
La discusión no debería ser si podemos detener la Inteligencia Artificial, sino cómo podemos gobernarla, supervisarla y aprovecharla responsablemente.
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Viernes, 25 de Septiembre de 2026

Durante años hablamos de inteligencia artificial como una tecnología que transformaría el futuro; ese futuro ya llegó, pero la conversación está cambiando. Ahora la pregunta no es solamente qué puede hacer la IA, sino qué podría ocurrir si sus capacidades avanzan más rápido que nuestra capacidad para comprenderlas, supervisarlas y controlarlas.

En estas últimas semanas, algunos de los principales referentes de la industria han elevado el tono de sus advertencias. Dario Amodei, CEO de Anthropic, pidió desacelerar el desarrollo de sistemas cada vez más avanzados y planteó la necesidad de evaluadores externos; en los últimos días esta misma reportó incidentes en pruebas de ciberseguridad donde modelos obtuvieron acceso no autorizado a sistemas externos. OpenAI creó además un nuevo marco para reportar comportamientos de desalineación y publicó casos en los que modelos experimentales mostraron conductas como intentar evadir restricciones, ocultar información o realizar acciones no autorizadas.

Nada de esto significa que las máquinas estén a punto de tomar el control del mundo (en redes sociales se ven algunos comentarios apocalípticos al respecto), sería irresponsable afirmarlo, pero tampoco sería prudente ignorar las señales; incluso Naciones Unidas pidió esta semana una respuesta internacional coordinada frente a los riesgos de una IA que pueda avanzar sin controles suficientes.

La discusión, entonces, también debe llegar a Colombia; nuestro país ya cuenta con una Política Nacional de Inteligencia Artificial, establecida mediante el CONPES 4144 de 2025, con una hoja de ruta con más de 100 pasos definidoshasta 2030 y una inversión prevista de $479.000 millones. La política contempla gobernanza y ética, infraestructura y datos, investigación, talento digital, prevención de riesgos y adopción responsable de IA.

El desafío es convertir esa política en capacidades reales; prepararnos para posibles riesgos no significa frenar la innovación; significa avanzar con responsabilidad.Necesitamos formar talento en inteligencia artificial, datos y ciberseguridad; actualizar los programas educativos, proteger la información personal, fortalecer la seguridad digital de empresas y entidades públicas, establecer mecanismos de supervisión y evaluación y preparar a los trabajadores para una transformación laboral que ya está comenzando.

Para Norte de Santander, la preparación debe comenzar desde el territorio y no limitarse a esperar las decisiones que se tomen en Bogotá o en los grandes centros tecnológicos. Universidades, centros de formación, empresas y entidades públicas deben construir capacidades propias en Inteligencia Artificial, datos, programación y ciberseguridad;no se trata únicamente de enseñar a utilizar herramientas de IA (en algunos casos solo para realizar preguntas sencillas que antes se hacían a motores de búsqueda), sino de formar personas capaces de comprenderlas, evaluarlas y desarrollar soluciones para las necesidades de la región.

Las empresas, especialmente las pequeñas y medianas, deben incorporar estas tecnologías para mejorar productividad y competitividad, pero sin entregar de manera automática a un algoritmo decisiones que afectan a las personas. Las entidades públicas, por su parte, necesitan protocolos para proteger información, evaluar sistemas automatizados y garantizar que siempre exista supervisión humana; y los ciudadanos requieren alfabetización digital para identificar fraudes, manipulación, suplantaciones y contenidos generados artificialmente.

También debemos anticiparnos a otro riesgo: la desigualdad tecnológica; si unas empresas, instituciones y personas incorporan IA mientras otras quedan rezagadas, la brecha digital puede convertirse rápidamente en una brecha económica. Democratizar el acceso al conocimiento, la formación y las herramientas será, por tanto, una condición fundamental.

La discusión no debería ser si podemos detener la Inteligencia Artificial, sino cómo podemos gobernarla, supervisarla y aprovecharla responsablemente.

La tecnología puede ampliar nuestras capacidades, pero no puede reemplazar nuestra responsabilidad; el verdadero desafío será avanzar al mismo ritmo en innovación y en capacidad humana para comprender los riesgos, proteger a las personas y decidir para qué queremos utilizarla.


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