Todos tenemos sueños y frustraciones de diferente índole, a veces absolutamente incongruentes. Por ejemplo, soñar ser periodista y terminar en un simple columnista.
En 1959 ingresé aquí en Cúcuta en el Colegio La Salle, ubicado en la Diagonal Santander y el cruce de la proyectada Avenida cero, Dirigido por el Hermano Julio Lucas y sus compañeros e influyentes orientadores los hermanos Camilo y Alfonso.
Un día cualquiera me dio por fundar un periódico estudiantil y convoqué a mis compañeros de curso Mauricio Tawill, Mario José Luna Lara, Policarpo Sossa Buenahora y Alberto Rosal, y corrimos a La Opinión buscando asesoría con el maestro Cicerón Flórez y Sofonías Rúa y al edificio de Sociedad de Mejoras Pública a la poetisa María Ofelia Villamizar Buitrago y nació “CENIT”.
Quedamos anonadados cuando la poetisa explicó el nombre. Lo más alto: dijo ella y llegamos a cuatro ediciones sin deudas.
Al regresar de la universidad en 1970 después de las luchas de rebeldía de los famosos años 60, militaba en el Frente Unido de Camilo Torres Restrepo e ingresé al poder judicial de este distrito sin abandonar mi identidad conservadora. Y de frustrado periodista pasé a ser un simple columnista de opinión y nació RETAZOS.
Llevaba 56 años opinando en este medio impreso y digital cuando apareció la crisis de los medios especialmente de la prensa escrita a partir de 2016. Con la desvalorización de sus activos, la disminución de sus ingresos por la migración de la publicidad a plataformas digitales e imposibilidad de crear nuevas fuentes de rentabilidad, por la ausencia total de utilidades cuyo punto de inflexión fue la pandemia que parecía conducir al cierre.
Los pioneros se vieron obligados a vender el medio y así llegué a Catalítico y creo que fui incluido en los activos enajenados, pues sigo opinando con plena libertad y sin censura como empecé, con ese marcado sabor conservador de respetuoso iconoclasta.
En mayo que pasó afirmé que cada generación tiene su marca y que la mía fue la del miedo de la guerra fría y del “prohibido, prohibir” de las jornadas de París del movimiento estudiantil del 68 del siglo pasado, cuando protestábamos contra la guerra de Vietnam y se luchaba por los derechos civiles, que imitamos simultáneamente con trascendencia en América latina especialmente en Brasil, Méjico y Uruguay donde el impacto fue notorio.
Han pasado 58 años viendo pasar la Resistencia Civil con protestas globales en el mundo occidental en el que los estudiantes y los campesinos y la clase media ponen los muertos buscando el cambio social.
Lo mismo que ayer y la vida sigue igual como la canción de Julio Iglesias.
En Brasil en marzo del 68 protestaron contra la dictadura militar por el asesinato del estudiante de bachillerato Edson Luis de Lima Souto a manos de los policiales y marcharon cien mil personas en Rio de Janeiro en la plaza de la Cultura. En la vecindad uruguaya simultáneamente la federación estudiantil salió a protestar contra el dictador Jorge Pacheco Areco y los policiales asesinaron tres universitarios.
En Méjico y su Plaza de las tres culturas de Tlatelolco las fuerzas del Estado por órdenes de Díaz Ordáz asesinaron más de trescientas personas entre estudiantes, campesinos y trabajadores.
Hoy en inicios del segundo milenio; en el planeta y en esta esquina del subcontinente, como en la canción de Serrat; “al final La vida sigue igual”
Adenda. La Izquierda llegó al poder en América latina y ha arruinado la economía de sus países; aquellos agitadores estudiantiles pasaron a presidentes como en Chile el presidente Boric, en Brasil Lula da Silva y en Colombia Gustavo Petro y vaya paradoja, lo ejercen con matices neoliberales. Ver para creer.
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