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Messi, ideólogo de la izquierda
Otros colegas quisieran pedirle un autógrafo al terminar el juego, pero no lo hacen porque sospechan que la tribuna podría silbarlos.
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Lunes, 22 de Junio de 2026

Lionel Andrés Messi, el “Messías”, Leo, Lío, la Pulga, el crack que ha sido rotulado como el mejor del mundo, tiene la discreción y el bajo perfil de San José. Nada de vedetismos. No está hecho para el protagonismo farandulero. Casi  pide perdón por su excelencia balompédica. Es feliz haciendo lo que hace desde los cinco años, de los 39 que cumple el 24 de junio: juega fútbol con el virtuosismo con que sus paisanos Les Luthiers  interpretan su música. Sus tres goles ante un frágil sparring, Argelia, en el inicio del mundial, tienen al mundo echándole incienso.

Ideólogo de la (pierna) izquierda disfruta del fútbol por el fútbol. Como cuando jugaba en los potreros o mangas de su Rosario natal, la tierra del Negro Fontanarrosa. Entonces Messi, a quien se le detectó un madrugador accidente hormonal que le impedía crecer, jugaba para el olvido.

Fue rechazado por el River Plate después de hacer el kinder en las divisiones inferiores de Newell’s Old Boys. A los 13 años recaló en el Barcelona que finalmente pagó la cuenta del tratamiento por su enfermedad hormonal. Del equipo culé, donde se ganó la inmortalidad, pasó al Inter Miami donde quema sus últimos cartuchos. La otra despedida se la está dando en su sexto mundial donde todo apunta que saldrá como solitario máximo goleador. (Y como Messi es Messi el árbitro polaco Szymon Marciniak se abstuvo de expulsarlo por una falta aleve contra un contrario. Ni siquiera le mostró la amarilla desteñida…).

Tiene rostro de niño bueno, de aquellos que se toman la sopita, al contrario de su paisana Mafalda. Si otro argentino, Borges, lo hubiera visto jugando, habría abjurado de su furioso “ateísmo” balompédico.

Los zurdos como él también son gente. La lista es larga: Da Vinci, Miguel Ángel, Picasso, Marceau, Chaplin, Marilyn Monroe, Bill Clinton, Fidel Castro, Hugo Chávez, el propio Maradona, quien fue su jefe en la selección gaucha.

Al principio de su andadura balompédica, Lio le dio estatus a los números 30 y 19 en su camiseta del Barcelona. Números que a nadie le dicen nada. Es como llamarse Roberto, antes de que nombraran al papa actual. Después se pasó a vivir al 10, número que llevaron sus pares Pelé y Maradona.

Los marcadores de Messi tienen pesadillas la víspera del partido contra el argentino. Agradecerían un pequeño infarto, una migraña, que lo dejara en casita, viendo el partido por televisión, alfajores en mano. Otros colegas quisieran pedirle un autógrafo al terminar el juego, pero no lo hacen porque sospechan que la tribuna podría silbarlos. Ya lo harán en algún supermercado, o en la claustrofobia del ascensor si se lo encuentran.

Después de verlo actuar – porque es un artista- queda claro que, “los demás son los demás”. Ahora el fútbol es de apellido Messi.  Chaplin era todos los domingos del año. Sin ninguna originalidad podría decirse lo mismo de insólitos zurdos como Messi.

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