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Polis Parabellum
El mundo puede derrumbarse, pero debemos confiar en que, como Adele y Bergman, nos mantendremos de pie y juntos para sobrevivir ante el panorama actual.
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Miércoles, 3 de Junio de 2026

Deja que el cielo caiga, cuando se desmorone, nos mantendremos de pie para enfrentarlo juntos”. Esta frase de la canción Skyfall de Adele, similar a la frase de Ingrid Bergman en Casablanca: el mundo se cae a pedazos mientras nosotros nos enamoramos, define el refugio íntimo al que acudimos ante el ignominioso avance del caos. Hoy cuando solo nos llegan imágenes de atentados y de escándalos de corrupción, cabe preguntarse si las pequeñas y cotidianas alegrías y sonrisas son nuestra esperanza cuando todo alrededor parece desplomarse.

En el país, los grupos armados han desencadenado una tormenta de fuego bajo la oxidada consigna de defensa del pueblo con el resultado de devastar territorios y poblaciones arrastradas por la historia injusta en un momento donde nada es previsible, porque nuestro mundo cambia constantemente de manera imprevisible como dijo Baudelaire sobre las ciudades, estas cambian más rápido que el corazón de quienes las habitan, y en ese acelerado cambio hay lógicas sociales, económicas y políticas que no responden aún a los desafíos por el cambio climático, el descontrol económico y energético y den cabida a los menos favorecidos sin destruir los motores de la economía.

Mientras los colombianos deshojamos la margarita de la incertidumbre en medio de la polarización sembrada por el candidato de izquierda y de derecha y continúan las amenazas y enfrentamientos verbales entre los diferentes bandos sin verdaderas propuestas de fondo para saldar la deuda histórica de exclusión sin derrumbar la economía y lograr unidad y solidaridad. Esta ausencia de unidad en un país donde los ánimos se han caldeado e ignoran por un lado el pasado tanto de algunos candidatos salpicados de fraudes como de la historia reciente de este país y de los vecinos que han caído en manos de la izquierda populista dibujan un paisaje incierto y efímero propicio para aumentar las desigualdades y frenar el crecimiento, mientras muchos creen en las consignas violentas que preparan nuestras ciudades para la guerra.

Nuestro país se puede describir como un gran territorio de ciudades al consolidar la mayoría de población en entornos urbanos, que va desde el océano Atlántico al río Amazonas y desde el Pacifico a la frontera más activa y que no solo es una unidad diversa en geografía, sino también en lo social, cultural e histórico, escindida por sus conflictos, pero a la que todavía le falta unidad y solidaridad, es decir, le falta la polis. Este concepto griego integra de forma armónica los intereses del individuo con el Estado, gracias a la ley, y con la comunidad, mediante la participación del ciudadano en los asuntos públicos, donde la ciudad se constituye como la construcción definitiva de la civilización.

El mundo puede derrumbarse, pero debemos confiar en que, como Adele y Bergman, nos mantendremos de pie y juntos para sobrevivir ante el panorama actual que tanto dolor y tribulación ha causado, frente al cual ya no es posible ensimismarse. Los estudios de Franz de Waal sobre los primates, concluyen que las agresiones no son compatibles con la cooperación en beneficio de todo el grupo. Queda por ver si estamos a la altura de un posible planeta de los simios y que ni violentos ni mamertos, nuestros posibles lideres deben sustituir los tambores de guerra y los discursos populistas por la construcción de un país sin polarización.

 


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