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Gobernación de Norte de Santander impulsa diálogo para frenar guerra entre el Eln y disidencias
Desde la Iglesia Católica también hubo acompañamiento a la propuesta. Monseñor Orlando Olave, obispo de la Diócesis de Ocaña, aseguró que la prioridad sigue siendo proteger la vida.
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Orlando Carvajal - Periodista La Opinión
Orlando Carvajal
Miércoles, 3 de Junio de 2026

La paz volvió a ponerse sobre la mesa en Norte de Santander. En medio de una confrontación armada que desde enero de 2025 ha dejado más de 120 muertos y cerca de 100.000 desplazados en el Catatumbo, el gobernador William Villamizar Laguado asumió un papel de mediador territorial para intentar abrir caminos de diálogo entre el Ejército de Liberación Nacional (Eln) y el frente 33 de las disidencias de las Farc.

La iniciativa, respaldada por el Gobierno nacional, busca avanzar hacia un desescalamiento del conflicto armado mediante un eventual cese al fuego y acuerdos humanitarios que permitan aliviar la crisis que atraviesan las comunidades campesinas de al menos 13 municipios de la región.

Con ese propósito, Villamizar convocó en Cúcuta una Mesa Exploratoria para la Paz de Norte de Santander, espacio que reunió durante más de tres horas a delegados del Gobierno Nacional, representantes de la Iglesia Católica, autoridades territoriales, organizaciones sociales, víctimas, firmantes del acuerdo de paz y organismos internacionales.

El encuentro dejó un mensaje común: la necesidad de respaldar cualquier esfuerzo que permita reducir la violencia en el Catatumbo y devolverle tranquilidad a una región golpeada por los enfrentamientos, los desplazamientos masivos y el confinamiento de comunidades enteras.


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Realizamos la Reunión Exploratoria por la Paz, un espacio de diálogo y concertación en el que, junto a delegados de la Iglesia Católica, autoridades territoriales, organizaciones sociales, víctimas, firmantes de paz y organismos internacionales, analizamos alternativas y mecanismos humanitarios que contribuyan a la construcción de paz y al bienestar de las comunidades”, expresó el gobernador.

Las prioridades

Villamizar insistió en que la prioridad es mantener abiertos los canales de diálogo y fortalecer la articulación institucional para avanzar hacia escenarios que permitan proteger la vida y recuperar la convivencia en el territorio.

“Debemos insistir en sumar esfuerzos para construir escenarios de reconciliación, convivencia y esperanza para Norte de Santander”, sostuvo.

El mandatario regional también dirigió un mensaje a los grupos armados ilegales que operan en el Catatumbo, pidiéndoles detener las hostilidades y permitir que prosperen acuerdos humanitarios que beneficien a la población civil.


 

Briggita Von Messling, jefa regional de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia para Norte de Santander./Foto Cortesía

La reunión contó con el respaldo de distintos sectores sociales y políticos. Carmen Elena García, representante de la Asociación Madres del Catatumbo, señaló que las comunidades rurales necesitan condiciones mínimas para recuperar su cotidianidad.

“Lo que queremos es que la gente campesina pueda producir sin miedo, sacar adelante sus cultivos, que los niños puedan ir a las escuelas, que haya desminado y que las familias vuelvan a vivir tranquilas”, manifestó.

El expresidente Ernesto Samper destacó el liderazgo asumido desde la Gobernación y subrayó la importancia de construir soluciones desde las regiones.

“El gobernador y su consejero de paz han entendido que la paz es un problema que comienza en el territorio y termina en la nación”, afirmó.


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La defensora nacional del Pueblo, Iris Marín, respaldó el llamado humanitario hecho desde Norte de Santander y expresó su expectativa de que los grupos armados respondan a la iniciativa.

ONU respalda iniciativa

“Esperamos que este clamor tenga eco y que pueda avanzarse hacia un acuerdo humanitario entre las dos organizaciones”, señaló.

Desde la Iglesia Católica también hubo acompañamiento a la propuesta. Monseñor Orlando Olave, obispo de la Diócesis de Ocaña, aseguró que la prioridad sigue siendo proteger la vida de las comunidades.

“Estamos dispuestos a acompañar iniciativas de este talante porque para nosotros lo importante es la vida de las personas”, expresó.


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En la misma línea, Briggita Von Messling, jefa regional de la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia para Norte de Santander, valoró los esfuerzos institucionales orientados a aliviar la crisis humanitaria.

“Valoramos todos los esfuerzos que se hacen para intentar aliviar y resolver los problemas que surgen cada día en este territorio”, indicó.

El obispo de la Diócesis de Ocaña, Orlando Olave./Foto: Cortesía

El respaldo también llegó desde las alcaldías del Catatumbo. El alcalde de Tibú, Richar Claro, reconoció el liderazgo del gobernador en medio de uno de los momentos más complejos que atraviesa la región.

“Creemos que todavía es posible lograr la paz en un territorio como el nuestro”, afirmó.

Guerra con drones se intensifica

Mientras avanzan estos acercamientos, la realidad del conflicto continúa agravándose. A la confrontación armada entre guerrillas se suma ahora el uso creciente de drones explosivos, una modalidad que ha transformado las dinámicas de guerra en el Catatumbo.

Informes de la Corporación Red de Derechos Humanos de Norte de Santander (Corporeddeh) advierten que tanto el Eln como estructuras del frente 33 han venido utilizando drones comerciales modificados para lanzar explosivos, vigilar movimientos de tropas y ejecutar ataques de precisión.


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Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Durante 2025 se registraron 55 ataques con drones en Norte de Santander, con saldo de 12 personas muertas y 43 heridas entre civiles y militares.

En lo corrido de 2026 ya se contabilizan 20 ataques adicionales, que dejan tres muertos y 17 heridos.

Los municipios de Tibú y El Tarra concentran la mayor cantidad de estos hechos, en una escalada que incrementa el temor entre las comunidades y eleva la presión sobre las autoridades para encontrar mecanismos de contención del conflicto.

En medio de ese panorama, la apuesta impulsada desde la Gobernación busca abrir una ruta distinta en una región donde la guerra sigue marcando la vida cotidiana de miles de familias.

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