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Una visión futurista de la agricultura colombiana
Este enfoque futurista pocas veces se ha presentado en Colombia.
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Jueves, 27 de Agosto de 2026

Antes de abordar la temática descrita en el titular de esta columna quiero expresar mi condolencia por las víctimas mortales del espantoso terremoto que asoló a varias regiones del país, y rogar para que los sobrevivientes puedan salir de la penuria que los agobia y que, gracias a la solidaridad de toda la nación y de las acciones de los gobiernos nacional y regional, empiezan a superar.

En la edición del periódico El Tiempo del 24 de agosto pasado, bajo el título “El país necesita desarrollar la Altillanura” escrito por el profesor Flavio Ricardo Jiménez Mejía, aparece un interesante artículo en el que se afirma que “Colombia tiene ante sí una oportunidad que puede marcar el rumbo de su desarrollo durante las próximas décadas: Convertir la Altillanura y la Orinoquia en un gran polo de producción de alimentos, agroindustria, energía, conocimiento, cultura y ecoturismo, sin sacrificar su riqueza ambiental ni la identidad de las comunidades que históricamente han habitado este territorio”

La Altillanura es una zona de 13,5 millones de hectáreas ubicada principalmente en los departamentos del Meta y Vichada que tiene una inmensa capacidad productiva y una incomparable riqueza ambiental cultura y social.

El ilustrado autor, Presidente de la Asociación de Egresados de la Escuela Colombiana de Ingeniería, señala que el reto no consiste solamente en ocupar esos millones de hectáreas sino intervenirlos con ciencia y tecnología, y con una planeación que defina qué y dónde producir, en qué cantidades y bajo cuáles condiciones ambientales y sociales trabajarlas.

La Altillanura requiere conformar su propio modelo para obtener, basada en el conocimiento, una producción competitiva, ambientalmente responsable y socialmente incluyente.

Este enfoque futurista pocas veces se ha presentado en Colombia, porque generalmente las entidades gubernamentales tienen una visión de corto plazo por la urgencia de dar unos pobres resultados inmediatos, debido a que, frecuentemente, al frente de ellas se designan funcionarios que no tienen un conocimiento adecuado del sector y duran poco tiempo en sus cargos.

Para los fines sugeridos por el autor del interesante escrito referido, se deben aprovechar las investigaciones hechas por el Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Carimagua, creado por convenio entre el CIAT (Centro de Investigación de Agricultura Tropical) y el antiguo ICA (Instituto Colombiano Agropecuario) a mediados del siglo pasado. El Centro está ubicado en el municipio de Puerto Gaitán (Meta), a 330 kilómetros de Villavicencio vía a Puerto Carreño, y se caracteriza por tener una temperatura media anual de 26 °C y una precipitación anual promedio de 2.400 mm.

Su relieve es ligeramente ondulado, con suelos profundos, bien drenados y desarrollados a partir de sedimentos aluviales arcillosos con un gran potencial para establecer sistemas de producción agrícola y pecuaria. Estos suelos son los más representativos de la Altillanura plana de la Orinoquía colombiana, razón por la cual en el Centro se ha desarrollado la mayor parte de los proyectos de investigación agropecuaria para la región.


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