Durante décadas, la administración de empresas se construyó alrededor de una idea aparentemente incuestionable: el cliente es el rey. Las organizaciones diseñaron procesos, estrategias y modelos de negocio orientados a satisfacer al consumidor, bajo la lógica de que sin clientes no hay ventas y sin ventas no hay empresa. Sin embargo, la transformación del trabajo, la digitalización y los nuevos retos de productividad nos obligan a replantear esa premisa.
Luego de revisar las reflexiones de Silvia Forés en su obra El empleado es el rey, uno de mis libros de la FILBO 2026, encontré una idea que merece a mi parecer atención en Colombia: Las empresas más sólidas del futuro no serán necesariamente las que más inviertan en publicidad, en expansión comercial incluso en IA, sino aquellas que comprendan que el crecimiento sostenible comienza desde adentro.
La afirmación puede parecer provocadora. y ustedes se van a preguntar ¿Cómo puede ser el empleado el rey en una economía donde el cliente sigue siendo indispensable? La respuesta es sencilla: porque son las personas quienes crean la experiencia del cliente, producen la innovación, solucionan los problemas y construyen la reputación de las organizaciones. Ninguna estrategia empresarial sobrevive durante mucho tiempo si quienes la ejecutan se sienten ignorados, desmotivados o desconectados de su propósito.
Durante años, la relación entre empleadores y trabajadores ha sido presentada como una lucha permanente de intereses opuestos. Unos exigen mayores beneficios; otros reclaman mayor productividad. Unos denuncian abusos; otros cuestionan la falta de compromiso. Sin embargo, esa visión de confrontación termina perjudicando a todos. Cuando el empresario ve al trabajador como un costo únicamente, pierde talento. Cuando el trabajador ve al empresario únicamente como un adversario, se debilita la confianza necesaria para generar crecimiento y esto rompe con el balance del éxito, para ambos.
La economía moderna nos demuestra que la cooperación produce mejores resultados que el conflicto permanente. Empresas con culturas organizacionales sólidas, programas de bienestar, oportunidades de desarrollo profesional y liderazgo basado en el respeto suelen presentar menores índices de rotación, mayor innovación y mejores resultados financieros. No se trata de filantropía empresarial; se trata de una decisión estratégica.
En Colombia, donde la informalidad laboral sigue siendo uno de los mayores desafíos con un reciente 8.8% de desempleo algo amañado y donde miles de empresas luchan diariamente por mantenerse competitivas (a flote), debemos abandonar la falsa dicotomía entre proteger al trabajador y fortalecer al empresario. Un país prospera cuando ambos crecen simultáneamente. El empleo digno fortalece el consumo, aumenta la productividad y genera estabilidad social. Las empresas exitosas crean riqueza, pagan impuestos, generan inversión y abren nuevas oportunidades, asi se tenía que decir y se ha dicho.
Por supuesto, convertir al empleado en el centro de la estrategia no significa desconocer la disciplina, las responsabilidades o las exigencias del mercado. Tampoco implica que todas las decisiones deban favorecer únicamente a los trabajadores. El verdadero reto consiste en encontrar un equilibrio donde el bienestar de las personas y la sostenibilidad empresarial avancen en la misma dirección. Las nuevas generaciones ya parecen haber entendido este cambio. Buscan organizaciones que ofrezcan propósito, flexibilidad, aprendizaje y reconocimiento. No se conforman únicamente con un salario. Quieren pertenecer a proyectos que valoren su contribución y respeten su tiempo. Las empresas que ignoren esta realidad probablemente tendrán dificultades para atraer y retener el talento que necesitan para competir.
En tiempos de campaña donde abundan los discursos de polarización entre capital y trabajo, vale la pena recordar una verdad sencilla: ninguna economía se enriquece desde el resentimiento. El desarrollo surge cuando empresarios y trabajadores entienden que no están en bandos opuestos, sino en el mismo proyecto colectivo de construir valor.
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