Atrás de sus puestos de trabajo está la medicina convencional, aquella que es el resultado de diferentes estudios científicos, cientos de compuestos químicos y múltiples procesos tecnológicos. Sobre ellos, una solución alternativa que en su mayoría son unas ramas verdes.
Un contraste total es lo que se ve a las afueras del Hospital Universitario Erasmo Meoz. Nombres de plantas como chimichagua, guaco, playerito, guacero, caña amarga, albahaca, corona de San Juan, bocado de culebra y lluvia de oro, se pueden encontrar en estos puntos. Estas plantas de nombres extraños, según los vendedores, curan muchos males.

('El Tayrona' lleva 26 años en un costado el Hospital Universitario Erasmo Meoz.)
Julio Gómez, conocido como 'El Tayrona', se define como un curandero botánico desde hace 44 años. Este hombre tiene sus muñecas con por lo menos 5 manillas en cada una y varias cadenas sobre su cuello en la que resaltan una Cruz de San Benito y un par de dientes que, según él, son de un tigrillo y un cerdo salvaje. Son sus amuletos de protección que no se quita por nada en el mundo.
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Gómez, antes de recetar, les pide a sus clientes que traigan un diagnóstico médico para saber que plantas utilizar. Conociendo el estudio previo, receta unos tratamientos que pueden ir desde jarabes que el mismo prepara frente a sus clientes o vender las plantas para que se preparen tés a base de ellas.
Sobre si la medicina natural funciona, afirma que nada en la vida se da si no se tiene fe, por eso le dice a sus clientes que se encomienden a Dios e inicien el tratamiento.
Cuando lo cuestionan, saca a ‘Las plantas curan’ un libro donde se explica la funcionabilidad de cada producto.
'El Tayrona' lleva 26 años en un costado el Erasmo Meoz. Aprendió el oficio viendo a su madre, una salazareña que desde muy niña trabajó con la botánica pues ella lo aprendió de sus padres ya que antiguamente se consumía más medicina natural. Su seudónimo proviene de un periodo donde estuvo por la Sierra Nevada de Santa Marta donde, según él, adquirió conocimientos.
En la otra esquina, se encuentra Yolima Castellanos, más conocida como ‘La negra del seguro’, quien al igual que Gómez, aprendió gracias a su madre, que desde los 10 años la encaminó por este universo botánico.
Castellanos no receta sin antes no haber probado la planta, pues para ella, hay que ser honesto con el cliente y evitar un efecto contraproducente.
Reconoce que varias personas entran a vender yerbas sin conocer para que sirven y terminan dañando la imagen del oficio.
En su punto, en el que ya lleva 15 años, se pueden encontrar más de 100 especies entre plantas aromáticas, relajantes y antiinflamatorias, que en su mayoría provienen de los municipios de la provincia de Pamplona.
Afirma que la clave siempre está en la fe puesta sobre el producto.
Para la Negra del seguro, es muy gratificante cuando las plantas hacen su trabajo y los clientes llegan agradecerle por haber brindado una solución.
Gustavo Contreras | Practicante de periodismo
