Transitar por la ciudad de Cúcuta sin encontrarse con uno o varios habitantes de la calle, hasta el momento es imposible. La zona céntrica, el parque Lineal y el Canal Bogotá han sido desde hace mucho tiempo sus lugares preferidos para sobrevivir, esto, en medio de la delincuencia, la drogadicción, prostitución y una vida llena de males que, pareciera no tener fin.
Sin embargo, la preocupación de los cucuteños ha aumentado en las últimas semanas, ya que los habitantes de la calle están llegando a distintos barrios, pero no porque decidan pasar de vez en cuando, sino con la intención de resguardarse en distintas comunidades y no con buenas intenciones.
“Hay indigentes inofensivos, que a uno le da hasta lástima ver que con tanta droga en su cuerpo ya no tienen ganas de hacer el mal y solo tratan de sobrevivir de las sobras que encuentran o les regalan, mientras que hay otros, a los que sí se les debe tener miedo, vienen es a robar, amenazar y a causar miedo”, dijo Gloria Trujillo, habitante de la comuna 10.
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La comunidad de los barrios Galán, Quinta Oriental y Guaimaral dice no sentirse segura en sus zonas de residencia, ya que, cada vez que alguien sale, no solo enfrenta el temor de contagiarse por la COVID-19, sino que, además, debe estar al pendiente de que ningún indigente lo persiga, ya sea para pedirle dinero o comida, o en algunas ocasiones, robarlo.

“Nadie denuncia por miedo”
La Opinión consultó con algunos líderes comunales de la ciudad que, por su seguridad prefirieron no ser identificados, pues explicaron que muchos habitantes de calle están involucrados con grupos de microtráfico y bandas que se disputan el poder de los barrios, lo que significa un verdadero riesgo para quienes se atreven a denunciar.
“Esto no es un tema nuevo. Hay muchos habitantes de calle y se mantienen porque se la pasan robando tapas del alcantarillado, bombillos y de todo lo que encuentran. Hay mucho microtráfico y el tema cada vez es más delicado, pero uno prefiere quedarse callado y cuidarse lo más que se pueda”, mencionó uno de los dirigentes locales.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana dio a conocer un reporte sobre las intervenciones realizadas en algunos sectores de la ciudad, resaltando que las comunas más afectadas por el tráfico local de estupefacientes son la 7,8,9 y 10, situación que lleva a que se generen otros delitos como el homicidio y el hurto.
Aunque la comunidad del barrio Galán menciona que la Secretaría de Seguridad Ciudadana y la Policía Nacional si han hecho presencia en su barrio, solicitan mayor pie de fuerza, pues la problemática aumenta con el pasar del tiempo, por lo que le piden a las autoridades y a la administración municipal, establecer planes de reintegración para la población de calle.
Guaimaral
“Desde hace varios días empezaron a llegar varios habitantes de calle, y estas personas se adueñaron del parque y ya se han robado mesas para jugar parqués y ajedrez y lo tienen para el consumo de alucinógenos”, dijo uno de los representantes barriales del sector.
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La comunidad de esta zona de la ciudad manifiesta que ya no pueden salir tranquilos al parque ya sea a caminar o hacer ejercicio, pues viven con la zozobra de que los indigentes los roben y la policía poco ronda el lugar.
“Hay algunos que se hacen pasar por recicladores y se la pasan es vigilando casas o que alguien tenga el celular en la mano para robar. Otros que solo piden para el pan, aunque es para la droga, pero no son malos”, afirmó una de las vecinas del barrio.
Desde el Departamento Administrativo de Bienestar Social, han efectuado acompañamiento a las jornadas hechas en el parque lineal, convocadas por la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a fin de abordar los territorios de alta complejidad y llevar ayudas a la población de calle.
El Centro de Atención Integral a la Población Habitante de Calle no ha detenido su labor en medio de la pandemia, se estima que actualmente atiende a 80 personas que han tomado la decisión de rehabilitarse y cambiar sus vidas.
