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Editorial
Algo no deseado
Las Farc considera que la sociedad de este país está integrada por personas carentes de la posibilidad de razonar.
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Lunes, 29 de Junio de 2015

Una de las razones por las cuales la guerrilla no ha calado, ni calará, con más profundidad en la sociedad colombiana es porque, considera que la sociedad de este país está integrada por personas carentes de la posibilidad de razonar.

Una prueba deplorable de ese despliegue de prepotencia la acaban de dar en La Habana los comandantes de las Farc, para quienes ‘las acciones de sabotaje económico’ contra el Oleoducto Transandino ‘han causado consecuencias no deseadas en Tumaco y zonas aledañas’.

¿Qué quieren decir, que dinamitan un oleoducto repleto de petróleo sólo para ver cómo brota el siniestro chorro negro de 10 mil barriles de crudo, sin pensar en que todo ese líquido espeso matará fauna, flora y esperanzas de mejor vida de los habitantes?

¿Derraman casi 500 mil galones de petróleo sin calcular que contaminará ríos y cañadas, envenenará toda el agua corriente, matará miles de miles de especies tanto animales como vegetales y dejará a decenas de miles de personas sin qué beber y sin de dónde obtener su comida, porque la mancha aceitosa cubre zonas marítimas de pesca?

Pero, ¿qué clase de personas son, entonces, estas que aspiraban —y aspiran—al poder del Estado a punta de metralla y de bombazos? ¿Pero, cómo pueden actuar de esa manera? ¿Qué esperan cuando vuelan el tubo, que el crudo que lleva se evapore en la medida en que brota incontenible? ¿Estaban sobrios cuando dijeron esas cosas a la prensa? ¿Realmente, estos despistados comandantes esperan que alguien les crea?

Pero, hay que hacer algunas claridades. Dinamitar oleoductos no se trata, como dicen los guerrilleros, de acciones de sabotaje económico contra la industria petrolera; es, ni más ni menos, cometer un crimen contra la naturaleza y un atentado contra la gente, en el caso particular, la más abandonada del país.

Es un atentado contra toda la humanidad, por cuanto contaminar la naturaleza de esa manera afecta a todo el planeta, aunque no lo parezca, y atentar contra él es, al mismo tiempo, hacerlo contra todos los seres humanos, porque ¿cuándo se recuperará el manglar, y cuándo el cieno marino en donde se reproducen moluscos como almejas y otras especies marinas?

Y ¿cuándo podrán, los centenares de pescadores, volver a sus faenas, si desde hace varios días son un fracaso diario, porque en las zonas cercanas a la playa nada encuentran? Las petroleras tienen suficientes recursos para recuperar la pérdida de 10 mil barriles de crudo, pero nadie en Tumaco tiene como superar con facilidad y holgura la emergencia que le significa no poder pescar, no poder comprar y vender esa pesca, en fin, no poder hacer nada diferente de esperar por meses…

Decir que cuando vuelan el oleoducto no esperan que el petróleo contamine los alrededores es tanto como sostener que cuando lanzan un cilindro con explosivos lleno de metralla no esperan que al estallar cause daño alguno, y menos, que mate a alguien.

Lo mismo podría decir el gobierno de que lanza bombas sobre campamentos de la guerrilla, pero que no espera que al estallar mate a los que están abajo.

No, en una guerra todos los actos son calculados con precisión, de ordinario, a no ser que se trate de casos fortuitos, siempre las consecuencias son deseadas, y muy deseadas. Si emboscan una patrulla militar y la aniquilan, es eso lo que buscaban, lo que deseaban. No se trataba de asustarlos o de que oyeran cómo suenan los fusiles.

Pero, en esta época de sinceramiento, ¿no es mejor para las Farc y para todos decir la verdad, solo la verdad, nada más que la verdad? Quizás, ingenuos o ilusos, creeríamos que sí.

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