Es un poco de desidia y de descuido, otro de mala suerte, y algo más de desdén hacia Norte de Santander. Las primeras razones son explicables, la otra no, aunque, la verdad, quizás lo mejor sea dejarla de lado y seguir como si nada.
En las últimas horas, nuestro departamento ha estado en el ojo de un huracán burocrático, por razón de grandes obras esenciales para el desarrollo de la región, que, a diferencia de otras en el resto del país, corren el riesgo de quedarse en el papel, por algo más que falta de dinero.
Nos referimos a las llamadas autopistas 4G o de cuarta generación, en realidad, un programa de infraestructura vial de carreteras concesionadas, destinado a mejorar la competitividad del país disminuyendo costos y tiempos de transporte de personas y, en especial, de carga, desde los centros de manufactura hasta los puertos de salida.
Norte de Santander necesita por lo menos cinco de estas vías, para conectarse no con el futuro, como podría pensarse, sino con el presente mismo, que está siendo tan esquivo incluso por razones propias.
Estas vías, incluidas en la llamada tercera ola de autopistas, son:
—Bucaramanga-Pamplona: 147 kilómetros, por 795 mil millones de pesos, radicada ante el ministerio de Hacienda el 27 de marzo de 2015, y con observaciones radicadas ante la misma cartera el 24 de abril pasado.
—Pamplona-Cúcuta: 119 km., por 1.2 billones de pesos, radicada en Hacienda el 30 de marzo de 2015 y con observaciones radicadas el 24 de abril pasado.
—Ocaña-Cúcuta: 192 km., por 1.3 billones de pesos, radicada ante el ministerio el 8 de mayo pasado.
—Duitama-Pamplona: 308 km., por 670.231 millones de pesos, radicada ante el ministerio de Hacienda.
La quinta carretera, Ocaña-Gamarra, fue incluida en la segunda ola y hace parte de la Ruta del Sol.
El problema con las otras cuatro radica en que, según parece, no hay dinero para financiarlas, por cuanto, de acuerdo con el ministerio de Hacienda, la baja en los precios del petróleo y la imposibilidad de vender, por ahora, los intereses estatales en Isagen, dejan el erario en dificultades.
Sin embargo, el vicepresidente Germán Vargas Lleras, le sale al paso a Hacienda, con el argumento de que, por los dos primeros años, la Nación no tendrá que aportar dinero alguno, pues los proyectos tienen origen privado, aunque en alianza con la Nación, y si son aprobados, son financiados por los proponentes, a los que se les devuelve la inversión mediante la operación y administración de las carreteras. Así están funcionando cinco proyectos.
En el caso de Norte de Santander, como lo dijo Vargas Lleras hace unos meses, faltó gestión política, para que nuestras vías 4G hubieran sido incluidas en la segunda ola. Quizás no estaríamos en las afugias de hoy, tal vez el vicepresidente y el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, no estarían enfrascados en un rifirrafe desgastante, y probablemente ya las máquinas estarían trabajando.
Pero ese poco de mala suerte impidió que incluyeran nuestras carreteras, de las que hay que decir que son mucho más importantes que otras, habida cuenta de que es en Norte de Santander, y más concretamente en el Catatumbo, donde, si se concretan los acuerdos de La Habana, se jugará la suerte de todo el futuro de posguerra.
Pero todo eso es leche derramada. Hay que organizar un frente común que se haga sentir ante todo el gobierno central, a fin de hacerles entender a algunos altos funcionarios que no estamos dispuestos a ir a la cola del resto del país. Que eso no sería justo con un departamento ya de por sí atrasado y golpeado por la crisis. Y que es suficiente con saber que, si la tercera ola de vías se frena, Norte de Santander será el único de los departamentos colombianos excluido del programa. Y eso no lo toleraremos.
