Los niños, niñas y adolescentes siguen siendo noticia. En Cúcuta y Norte de Santander continúa la alegría por los resultados de las pruebas Saber 11, con un triunfador absoluto y varios colegios con alumnos que lograron altos puntajes.
Al seguir celebrando un avance como ese, en el panorama surge la advertencia hecha por ACNUR acerca de que seis millones de niños refugiados en el mundo siguen sin escolarizar.
En el informe ‘Caminos hacia el futuro: educación, oportunidades y autosuficiencia’ que el año pasado, 5.8 millones de niños y niñas refugiados en edad escolar no estaban matriculados, una cifra que supone el 44% del total de 13.1 millones que se han visto forzados a abandonar sus hogares.
Muy grave para la humanidad la existencia de esa clase de tropiezos para que los más pequeños de la casa no tengan la posibilidad de acceder a las aulas, condición que degenerará en generaciones sin escolaridad, provocando impactos negativos de toda naturaleza.
Esa cifra, que ni es anecdótica, sino llena de vida por la inmensa cantidad de niños y niñas que se quedaron fuera de cualquier opción educativa formal, es indispensable desagregarla desde los puntos de vista de las regiones y países impactados y por los hechos generadores de esta calamitosa situación.
Teniendo esos detalles estadísticos resultará más fácil hacer los respectivos análisis que conduzcan a la toma de determinaciones tanto globales como de carácter local para procurar el rescate de muchos de esos menores para que vuelvan o entren por primera vez a los colegios y escuelas.
En Colombia es necesario hacer dicho ejercicio, en momentos que el país tiene entre los asuntos de discusión los resultados de las pruebas Saber 11, que fueron favorables, y las PISA, que dejaron muchas inquietudes en el ambiente.
Mientras tanto, ACNUR dio a conocer un hecho preocupante, al observar que en los países de renta baja y afectados por conflictos, apenas el 2 por ciento de las personas refugiadas cursaba estudios superiores, frente al 13 por ciento de la población nacional.
Como añadidura hay que indicar que el desplazamiento no debería determinar los límites de la vida de las niñas, niños y adolescentes. “Un niño que tiene la oportunidad de aprender estará mañana mejor preparado para contribuir a la sociedad y valerse por sí mismo, tanto si finalmente decide regresar como si construye su futuro en el país que le ha dado refugio o busca oportunidades en otro lugar. Nuestra responsabilidad es asegurarnos de que tenga esa opción”, dice la organización.
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