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Editorial
El ejemplo del Clan
Un acuerdo imperfecto con las Farc, y eventualmente con el Eln, podría generar organizaciones similares al clan Úsuga.
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Sábado, 8 de Agosto de 2015

Es la más poderosa organización narcopara-militar y se dedica a practicar todas las formas posibles del crimen organizado. Es el rezago de una de las peores páginas de la historia colombiana, la del paramilitarismo desatado.

Se trata del clan Úsuga, al que pertenecen como empleados fiscales, alcaldes, concejales, policías y militares, activos o en retiro y, tal vez, jueces.

Pese a su organización, a sus actividades y a su poder económico y militar, el real problema para Colombia es la posibilidad, muy real, de que otras organizaciones ilegales como esta entren a llenar el vacío que eventualmente dejarían las Farc y el Eln en caso de que firmen acuerdos de paz.

Porque, tanto este grupo criminal como otros con los que se disputa el poder de la delincuencia organizada a gran escala, son hijos legítimos de un proceso imperfecto de desmovilización de paramilitares, del cual muchos combatientes quedaron sin otra posibilidad que la de continuar haciendo lo único que estaban capacitados para hacer: delinquir.

Un acuerdo imperfecto con las Farc, y eventualmente con el Eln, podría generar organizaciones similares al clan Úsuga, con gente para la cual el crimen podría ser el medio de subsistencia que mejor se acomode a su estilo de vida de desmovilizados.

Ver a grandes rasgos lo que es este clan, lleva a pensar en que un acuerdo con las guerrillas para poner fin a la paz, podría quedar en un simple formalismo, si todos los guerrilleros no quedan satisfechos con lo hecho por sus jefes y comandantes.

La raigambre del clan toca de manera directa a 10 de los 11 departamentos con costas en los dos mares, con excepción de Atlántico, pero, según las autoridades, tiene contactos e influencia relativa en todo el país.

Es tan organizada y ha logrado permear tanto la sociedad, que las autoridades han detenido a 593 funcionarios públicos que le servían desde muchos campos a la banda, y es tan poderosa, que en combatientes supera a las guerrillas del Eln.

Sus miembros se calculan en unos 3 mil 100, todos bajo el mando de Dario Antonio Úsuga David, conocido como Otoniel, a quien ayuda un reducido de grupo de duros jefes que ejecutan tareas criminales para los que el asesinato es, de ordinario, una fórmula para solucionar todo tipo de problemas.

La red de colaboradores es muy extensa. Se pueden contar por centenares en la región noroccidental de Colombia. Allí, los taxistas son reclutados para que informen de la presencia de policías y foráneos, y funciona una red de empleados que se limita a reportar, vía celular, cualquier movimiento que consideren sospechoso. Esa tarea es bien compensada económicamente.

Los pagos son en efectivo, o con remesas de comida o con costosos regalos: depende de la calidad de información que el clan reciba. Gracias a estos pagos, a los jefes de la banda les ha llegado información de movimiento y ubicación de aeronaves, traslado de tropas y hasta coordenadas de lugares donde navegan en altamar algunas naves que combaten el narcotráfico.

Fue en procura de desvertebrar esta pandilla que, en Carepa, perecieron 15 de los 16 ocupantes de un helicóptero de la Policía.

Cualquier esfuerzo que se haga por desvertebrarla será, sin duda, un paso en busca de la tranquilidad general. Pero, de nada servirá ni este ni ningún sacrificio, si el eventual acuerdo con las Farc no incluye a la totalidad de los guerrilleros y no se les ofrece la posibilidad de reinsertarse, de verdad, en la sociedad.

Un clan Úsuga es suficiente para comprobar que las organizaciones delictivas algunas veces solo cambian de jefes. Otras bandas como esta son impensables…

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