Norte de Santander no escapa del matrimonio infantil. Entre 2022 y 2025, el departamento se ubicó en el grupo de territorios con una incidencia de entre cuatro y seis casos por cada 100 registros.
El matrimonio infantil les arrebata a las niñas y adolescentes su infancia, su vida, su salud e integridad. ¡Poner fin al matrimonio infantil e invertir en los derechos de las niñas!, dice la Unesco al hacer un llamamiento a redoblar los esfuerzos para proteger la libertad de las niñas, ampliar sus oportunidades y garantizar que puedan participar en las decisiones que marcarán su futuro.
Cada año, millones de niñas siguen casándose antes de llegar a la edad adulta, advierte la organización, mostrándonos que lo sucedido en nuestro departamento hace parte de una situación extendida a nivel mundial.
La Unicef ha planteado que la invisibilidad del problema y la consecuente inacción para solucionarlo explican que, si continúan las tendencias actuales, cerca de 20 millones de niñas en la región se habrán casado antes de los 18 años para el 2030.
Que dicho problema persista es lo que no se puede permitir y por eso debe mantenerse presente en los foros de deliberación tanto académicos como de la sociedad en general, para lograr la necesaria toma de conciencia.
Es muy importante tener presente la consideración de la Unicef sobre el riesgo de la invisibilización de una cuestión tan delicada como la del matrimonio infantil, porque ese silenciamiento o poca deliberación contribuyen a un crecimiento que la ciudadanía no puede permitir que siga ocurriendo.
Al tener presente dicha consideración hay que tener presente que la ocurrencia de los matrimonios y las uniones infantiles también es alta en Antioquia, Chocó, Sucre y Arauca, al tener índices similares a los del territorio nortesantandereano.
Como lo plantean los especialistas, es necesario que se lleven a cabo acciones tendientes a implementar la prevención temprana, la transformación de las normas sociales que perpetúan estas prácticas y mejorar la identificación de los casos ocultos para reducir el subregistro.
La urgencia de avanzar en esa clase de acciones se basa en que los menores y adolescentes en esa clase de uniones pierden oportunidades y opciones para su futuro, como lo detectó la Fundación Plan en una investigación ‘Crecer demasiado pronto’.
Entre ellas se encuentra la limitación a sus oportunidades educativas, el incremento de las cargas de cuidado y el trabajo doméstico, exponiendo a las niñas a múltiples vulneraciones de derechos.
Y esa investigación dejó en el ambiente otro hecho real muy preocupante en Colombia, el cual indica que en el 58,2% de los matrimonios y uniones entre adolescentes y personas adultas se registran diferencias de edad en los que una niña menor de 18 años es forzada a estar con un hombre adulto hasta 50 años mayor que ella.
Detrás de cada cifra hay una niña o adolescente que ha visto limitadas sus posibilidades de estudiar, decidir sobre su proyecto de vida y ejercer plenamente sus derechos, es la perfecta descripción que hace la presidenta ejecutiva de Fundación Plan, Ángela Anzola de Toro.
Está todo por hacer. Darle la espalda a esta situación no es la salida. Hay que poner en marcha las acciones desde todos los campos y, por sobre todo, avanzar en conjurar factores que tienen incidencia para que esto ocurra, como es la eliminación de las necesidades básicas insatisfechas, hacer valer la Ley 2447 de 2025 y proteger a la niñez.
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