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Editorial
El otro Santander
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Jueves, 28 de Mayo de 2015

Es la obra más grande y más importante que se está haciendo en América Latina en materia de acueducto. Lo ha dicho el mismo presidente de la República, Juan Manuel Santos, quien estuvo presente en la inauguración del nuevo embalse de Bucaramanga, que está listo para empezar a funcionar y que garantizará el suministro de agua para la capital de Santander y parte de su área metropolitana –Floridablanca y Girón– en los próximos 50 años.

Se trata de una obra de gran magnitud, una más de las que adelanta el otro Santander, que ciertamente viene dando pasos firmes y certeros para convertirse en una de las capitales del país líderes en materia de infraestructura, turismo, empleo y desarrollo.

Este embalse, que se nutre del río Tona, albergará 18 millones de metros cúbicos de agua, ocupa 54 hectáreas de terreno y costó $317.000 millones, aportados por la Nación ($45.000 millones), la Gobernación de Santander ($10.000 millones), la Alcaldía de Bucaramanga ($70.000 millones) y el Acueducto de Bucaramanga ($192.000 millones).

De su construcción se viene hablando en la ‘Ciudad Bonita’ desde hace 20 años. Dos décadas lidiando con trámites, permisos y con la consecución de los recursos para su financiación.  Pero fue en la primera presidencia de Santos, cuando la obra fue declarada de interés nacional, lo que permitió que se tomaran las decisiones necesarias para destrabarla y convertirla en realidad.

El presidente Santos ha dicho en su discurso que con obras como estas, Colombia piensa en grande. Y surge entonces, inevitablemente, la necesidad de pensar en nuestra propia realidad. En materia de agua, por ejemplo, aunque ya están garantizados los $338.000 millones para la construcción de un acueducto metropolitano que garantice el abastecimiento para Cúcuta, Los Patios y Villa del Rosario, en este lado de Santander no terminamos de ponernos de acuerdo. Los que aseguran que la solución más idónea es el embalse del Cínera y no el acueducto metropolitano ya han instaurado una acción jurídica en contra de su  construcción, advirtiendo de un supuesto detrimento patrimonial y argumentando que no se tuvo en cuenta a la comunidad cuando se decidió por esta solución, que implica agua por bombeo y no por gravedad. Primer tropiezo.

En materia de transporte masivo, mientras en Bucaramanga desde hace seis años funciona el transporte masivo, conocido como Metrolínea, en Cúcuta el proyecto sigue en papel, pues no ha sido posible la consecución de los recursos entre los municipios del área metropolitana.

El viaducto La Novena, recientemente inaugurado y catalogado como el puente atirantado más largo del país (costó $149.000 millones), el desarrollo del Ecoparque El Cerro del Santísimo, proyectado como un atractivo turístico de gran envergadura, Hidrosogamoso y el Parque Nacional del Chicamocha, son apenas algunos de los grandes proyectos hechos realidad en el departamento vecino, y que desde aquí vemos, siendo honestos, con envidia.

Porqué mientras de ese lado de Santander avanzan a pasos agigantados para consolidar un departamento competitivo, innovador, con oferta turística y excelentes indicadores económicos, aquí seguimos oyendo de los mismos proyectos que hace décadas están propuestos, pero que no se hacen realidad.

Las comparaciones son odiosas, pero a veces, como en este caso, inevitables. Y entonces surge la misma pregunta: ¿cuándo despertará Norte de Santander de su letargo?

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